Boletín No 13

ICCI

Editorial

El movimiento indígena y las nuevas condiciones políticas en el escenario nacional

Los nuevos procesos de redefinición política y económica en el Ecuador, abren una serie de interrogantes al corto y mediano plazo. En el corto plazo, el tiempo político está mediado, de una parte, por la participación indígena en las elecciones del mes de mayo del presente año, por la cual se renovarán los gobiernos seccionales en el país; y, de otra parte, por las expectativas generadas por el proceso de dolarización y las inevitables fracturas y conflictos sociales que conllevaría la imposición de este proceso.

Este panorama reconstituye el rol político que tenía el movimiento indígena a partir de los acontecimientos del 21 de enero, y lo inserta en una dinámica nueva, caracterizada por la recomposición política de las élites y el cambio de prioridades en el debate nacional. En efecto, los altos niveles de corrupción demostrados por el gobierno del ex Presidente Jamil Mahuad, quien dirigió toda su política económica para garantizar los intereses corporativos de los grandes grupos financieros, habían deslegitimado profundamente a la democracia ecuatoriana, desgastándola como forma fundamental de contrato social. Sobre esta base de deslegitimación social de la democracia realmente existente, el movimiento indígena pudo articular una política de alianzas con diferentes sectores de la sociedad civil, e, incluso, con sectores medios de las Fuerzas Armadas del Ecuador. La crítica radical a la democracia ecuatoriana se sustentaba a nivel social en la lucha contra la corrupción del gobierno imperante. Desde allí se logró un cierto nivel de aceptación y de simpatía de la ciudadanía que, a la larga, posibilitaron los cambios sucedidos a fines de enero. El discurso en contra de la corrupción, sin embargo, no pudo servir para articular y estructurar un discurso social que sustente respuestas reales y factibles al ambiente de incertidumbre provocado por la crisis económica. El movimiento indígena había propuesto una crítica radical a la democracia ecuatoriana, pero no había sustentado esa crítica con un proyecto creíble y legítimo de cambio social al mediano y largo plazo. La sociedad civil apoyaba la lucha en contra de la corrupción y veía en el movimiento indígena un sujeto político y un actor social con capacidad de aglutinar los diferentes esfuerzos en esa lucha contra la corrupción, pero no avalizaba el coup de force por el cual el movimiento indígena se convertiría en gobierno y en factor de poder.

El racismo y la estructura de poder, no solamente aquella estructura económica y política del poder sino incluso los imaginarios simbólicos que el poder ha ido generando en la sociedad, no permiten aún que el espacio de lo social y lo público se abran para los indígenas. La sociedad ecuatoriana se cierra frente a lo diferente, y no acepta en absoluto el reconocimiento a su identidad histórica. A pesar de todos los avances políticos del movimiento indígena, subsisten el racismo, el autoritarismo, el paternalismo, como formas de acercamiento con el mundo indígena.

Así pues, había que considerar esas estructuras de poder para articular una propuesta de cambio histórico que goce de legitimidad social. El hecho de que se haya subestimado el profundo racismo existente en el Ecuador, y de que no se haya sustentado una propuesta que genere certezas en el corto plazo sobre el proyecto nacional que se pretendía construir, definieron las condiciones políticas de los acontecimientos del 21 de enero y produjeron un vacío político en el discurso del movimiento indígena.

Ese vacío posibilitó la recomposición de las élites y de la tradicional clase política del país. Esta recomposición se da, básicamente, a dos niveles: político y económico. A nivel político se busca reconfigurar la plataforma de apoyos en el Congreso Nacional y en la opinión pública sobre la base de buscar respuestas radicales y urgentes a la crisis. De esta manera se logró la aprobación de un conjunto de leyes que posibilitan la imposición del modelo de dolarización de la economía ecuatoriana. Entre estas reformas legales cabe señalar el marco jurídico que hace posible la privatización de los sectores energéticos, de telecomunicaciones y de la seguridad social. La acción política del gobierno se complementa con el manejo estratégico del diálogo con las organizaciones del movimiento indígena y con los sectores sociales.

A nivel económico se consolida un ambiente de certidumbre económica desde la dolarización. Así, el nuevo esquema cambiario otorga certezas y un horizonte de acción a las élites, al menos en el mediano plazo. El proyecto es, en realidad, una radicalización del esquema neoliberal, y rompe las dinámicas de resistencia social por las expectativas que genera.

Este contexto se ve mediatizado por la presencia de las elecciones seccionales y la participación indígena y de los movimientos sociales en este proceso. Las elecciones seccionales tienen un ingrediente especial en la actual coyuntura: deben servir para legitimar o deslegitimar las acciones políticas del movimiento indígena ecuatoriano. En efecto, una escasa votación nacional para los movimientos políticos auspiciados por el movimiento indígena, y particularmente para el Movimiento Pachakutik, servirán como argumento para descalificar las pretensiones del movimiento indígena de constituirse en referente nacional de un proyecto alternativo.

Esta descalificación le quitará la fuerza y el capital político ganado en enero de este año, y, además, fortalecerán la capacidad política del gobierno para negociar su proyecto de dolarización y privatizaciones en condiciones de fuerza. Así, la propuesta de llevar adelante una consulta nacional por parte del movimiento indígena, para descalificar al Congreso Nacional, perderían la fuerza que tuvo en un inicio y la capacidad de movilización social estará determinada por las nuevas condiciones políticas. Estas condiciones políticas parecen establecer cierto nivel de fortaleza en las élites y en el actual gobierno, que volverían impracticable un escenario como aquel del 21 de enero del presente año. Tales son, pues, los desafíos que el movimiento indígena ecuatoriano deberá enfrentar en la actual coyuntura.

El racismo en el Ecuador ensaya sus cantos

Por: Galo Ramón Valarezo

Juan Cantos un oscuro diputado de origen cholo oriundo del Chimborazo y enriquecido con la venta de «gorras» a los indígenas de la sierra central, una prenda que ha reemplazado en esta región progresivamente al antiguo sombrero, es el protagonista de un escándalo de hondo contenido racista contra el movimiento indígena del Ecuador. Como se recordará, el 21 de enero del 2000, el movimiento indígena ecuatoriano en alianza con militares de baja graduación y diversos movimientos sociales urbanos, derrocaron a Jamil Mahuad, uno de los presidentes más ineptos, pusilánimes, indecisos y comprometido con la banca que haya tenido el Ecuador en los últimos tiempos. Esta inédita movilización social que tuvo la capacidad de patear el tablero del poder en el Ecuador, despertó el añejo racismo de más de cuatro siglos que se mantenía medio aletargado en el país. «Pesadilla monstruosa», «comedia bufa», «golpismo antidemocrático», «noche trágica» y otros calificativos de igual resonancia se utilizaron para estigmatizar la osadía de indios, populares y militares que quisieron tomar el cielo por asalto. Los pitucos comenzaron a reunirse en Los Shirys acusando de golpista a todo indio y cholo que pasó por allí. El León de Guayaquil rugió en los oídos de unos asustados diputados que casi pierden el empleo, exigiéndoles mano dura contra los indios. Al punto, como movidos por un centenario resorte común, la vieja clase política saltó a la defensa de los supuestos bienes de la democracia, olvidaron por un momento sus viejas rencillas, su canibalismo político y hasta se propusieron lograr los consensos necesarios para implementar la llamada ley «trole», los diversos cambios que exigía el FMI y la nueva política de dolarización. Pero no solo ello. Consideraron necesario castigar a los golpistas: defenestraron a dos diputados, encarcelaron a los coroneles e iniciaron presurosos varios juicios a los sublevados. Pero aún esto no era suficiente. La amenaza india los había conmovido demasiado. Angustiados se preguntaron żcómo golpear y parar al movimiento indígena? żcómo cuestionar esa enorme reserva moral de los más pobres del Ecuador que tanto había atraído a los coroneles jóvenes? żcómo evitar que capitalice el Movimiento Pachakutik en votos a su favor la movilización y la simpatía que provocó entre los de abajo en las cercanas elecciones de mayo? żcómo disminuir y desprestigiar la idea de la consulta contra la dolarización que gana aliados en la galopante inflación que vivimos? żdónde encontrar un personaje útil y los argumentos necesarios para enfrentarlos?. Para el sector de la Democracia Popular que desde el Congreso impulsó esta campaña, el cuestionador debía provenir de la provincia con mayor número de indios, de una persona familiarizada con los indios aunque sea a través de la venta de gorras, de un mestizo cholo cuya presencia no huela a pituco para no levantar demasiadas sospechas, en fin de alguien, que si pierde y se desprestigia sabe que no tiene otra oportunidad entre los hijos de la DP. En Bolivia, pero sobre todo en el Perú contemporáneo se considera que hay dos tipos de mestizos: los blanqueados y la cholería . Se podría concluir que en estos países la impresionante crisis del campo que llevó a miles de indígenas a la ciudad produjo este proceso de cholificación, que se autoreconoce como tal y que incluso tiene claros comportamientos políticos que así lo ratifican: el triunfo de Fujimori sobre Vargas Llosa y el ascenso de «Choledo» en las últimas elecciones son muy elocuentes. En el Ecuador si bien podría reconocerse esta clasificación, la situación es más ambigua. Existe un variopinto mundo mestizo en el que es posible encontrar diversos grupos cuya identidad es muy fluida: longos, cholos, chagras, chazos, montuvios, mulatos, zambos, pupos y blanqueados. Cada una de estas categorías es ambigua. En algunos contextos hay quienes se identifican con alguna de estas categorías, pero en otros es un calificativo peyorativo para desvalorizarlos. El término cholo es aplicado por un buen sector del país a los indígenas que se convierten en mestizos, sobre todo cuando van a la ciudad; pero tal como lo señala Hernán Ibarra, los artesanos de origen mestizo de larga tradición en la ciudad son considerados cholos por los grupos dominantes y varios de ellos se identifican como tales. Mas aún, el chagra que es un campesino mestizo cuando ingresa al mundo urbano pasa a ser conceptuado como cholo . Una reciente investigación en el área de las comunas huancavilcas mostró que el 85% de ellos se consideran cholos , es decir el término resulta ambiguo y dinámico: tiene connotaciones étnicas, pero también clasistas, incorpora aspectos de marginalidad urbana y formas peyorativas de los de arriba para diferenciarse de lo popular urbano. El término longo, otra de las categorías utilizadas para referirse a este sector, en el mundo indígena es utilizado con cariño para referirse a un o una joven, pero en el mundo mestizo es utilizado de manera peyorativa de manera indistinta para indígenas como para mestizos populares. El término montuvio tiene también una gran ambigüedad, es utilizado como elemento de identidad tanto por los indígenas como por los campesinos mestizos manabitas, y en general por varios ecuatorianos para referirse al sector rural costeño. El término chagra ha sido utilizado en la sierra para referirse a los mestizos de origen rural y pueblerino, sin embargo, en el reciente libro de Fabián Corrral, se intenta crear una imagen mestiza de campesinos y hacendados de la sierra : «el hacendado no aparece como la nobleza aristocrática, sino como un sector mestizo que comparte elementos de identidad con el chagrerío» . Esta reivindicación de lo chagra comienza a ganar fuerza en los pueblos, en las corridas de toros populares y en las demostraciones de los jinetes a caballo. Los términos pupo en Carchi, chazo en Azuay y Loja, tienen resonancias similares a las del chagra, aunque también pueden ser utilizados en su connotación étnica y clasista. Aunque parezca curioso, los mestizos pueblerinos de Loja lo utilizan para referirse a los «sucos» del área rural de habla rústica, bárbara y arcaica de probable ascendencia sefardita El comportamiento político electoral muestra también esa ambigüedad: las mayores adhesiones al movimiento indígena provienen del mestizo urbano de Quito y Cuenca, en tanto en el cholerío en el que se esperaría encontrar mayor adhesión no hubo el respaldo que se esperaba. En verdad hay muchos cholos vergonzantes que se comportan como blanqueados queriendo exorcizar al indio que llevan por dentro: tal la esquizofrenia de los cholos en ascenso. Este viejo conflicto de las identidades en el Ecuador, es más profundo en una ciudad como Riobamba que tiene un fuerte raigambre colonial y tiene la mayor población indígena del Ecuador. En el siglo XVIII los mestizos fueron tratados en los peores términos por los criollos. Juan de Velasco los consideró «el oprobio de los habitadores del Nuevo Mundo» (1977:357). Otro criollo del mismo período, Manuel Pontón en un informe de 1778 sobre la zona de Guano se lanza contra los mestizos a los que acusa de ser «monas y arlequines de los Cavalleros, con la altivez, la desverguenza, y atrevimientos pretenden hacer papel de nobles…Estos defraudan las Iglesias, Monasterios y a las familias principales…dominan, triunphan y son…el escándalo de los pueblos y la polilla de las casas» . El comportamiento mestizo fue dual: en ocasiones se alinearon con los indios, como en la revuelta de Guano de 1803, pero en otras, como en el «levantamiento de los pueblos o de la plebe» de 1843 se reclamaron como mestizos, en tanto en la de Daquilema de 1871 se alinearon con los blancos. Ese comportamiento dual se mantiene: muchos cholos reencuentran su identidad, pero otros se enfilan con los dominantes. En Riobamba la profunda división de castas de la época colonial, atraviesa a las categorías de clase, al género, las generaciones y las mentalidades de los riobambeños. Muchos cholos que han logrado cierto ascenso social por la vía de los negocios, buscan desesperados algún reconocimiento sirviendo de instrumentos útiles a los grupos dominantes: tal el comportamiento de Cantos. Se urde la trama La tramoya se armó con elementos falsos, pero muy impresionantes. Cantos dijo al país haber descubierto tres evidencias ocultas: que había un proyecto en el que se pagan latisueldos en dólares, que allí trabajan los dirigentes de la CONAIE y que de allí provenían los fondos que financiaron el levantamiento de enero. De estas supuestas evidencias, Cantos extraía varias conclusiones políticas que las lanzó a manera de preguntas para señalar que hay un doble discurso: (i) cómo es posible, enfatizó, que hablen contra la miseria si hay un grupo de dirigentes indios privilegiados que ganan en dólares; (ii) cómo es posible, señaló, que hablen contra la dolarización si ellos mismos ganan en dólares; y (iii) cómo es posible, dijo finalmente, que hablen contra la corrupción, si ellos también han sido corruptos. Esto de «también han sido corruptos», no era un lapsus, sino la búsqueda de complicidad. En todo caso, la trama estaba completa y se aprestaron a difundirla por todos los medios. Un sector de los medios de comunicación que vive del escándalo creyó haber encontrado la punta del ovillo que por fin explicara que los indios se movilizan pagados con ingentes fondos y no por conciencia, que son mentirosos y tienen doble discurso como se había dicho siempre desde la época colonial. Con sorprendente rapidez publicaron y comentaron la diatriba sin preocuparse en lo más mínimo de su veracidad; realizaron largas entrevistas al «denunciante» al que ayudaron a articular sus enredados razonamientos; manipularon las imágenes mostrando cuadros de pobreza extrema que contrastaban con los supuestos latisueldos, o mostraron imágenes de los dirigentes indios mientras se hablaba sobre la «denuncia» para establecer una relación subliminal; incluso hubo quienes se dedicaron a identificar en la lista de consultores a los de apellido indígena de aquellos no indígenas para reclamar airados por qué éstos se han cambiado de apellido. La realidad simple y transparente Los datos y los hechos mostraron de manera clara, simple y llana que las acusaciones de Cantos eran grandes mentiras, las de un cholo vergonzante con aspiración a dorado.Hablemos de los honorarios de los consultores. El PRODEPINE mostró que los honorarios se pagaban en sucres y no en dólares como lo había afirmado el «honorable» porque los desembolsos provenientes del Banco Mundial y del FIDA ingresan por el Banco Central que los sucretiza al depositarlos en las cuentas del Proyecto. El PRODEPINE mostró que los honorarios se nominaron en dólares porque esa es la moneda de todo convenio internacional para todos los rubros, pero que, por efectos del decreto de sucretización de febrero de 1998 y la ley de marzo expedida ese mismo año por el Congreso, se pagaba a una cotización de 7.217, 5 por dólar, cambio al que se realizó un reajuste hasta 13.000 sucres por dólar, con lo que los sueldos reales llegaban apenas al 48% del sueldo nominal. Se mostró que hay una diferencia importante entre sueldo y honorario: los consultores reciben un honorario en el que no se reconoce ningún sobresueldo, ninguna compensación, ni bonificación, tampoco estabilidad laboral. Se demostró técnicamente que para un Proyecto de 50 millones de dólares, por la responsabilidad y solvencia técnica que se requiere, los estándares ecuatorianos reconocen una inversión en honorarios del 12 a 14% del monto del Proyecto, pero que por consideraciones éticas el PRODEPINE bajó al 9.6% y que con la sucretización bajó a 4.6% del presupuesto total. Los honorarios actuales son los más bajos de este tipo de proyectos (hay 19 en ejecución el país), que no logran competir con los precios que paga el mercado, por lo que muchos consultores son tentados por otras propuestas, manteniéndose por puro amor a la camiseta. Cuando los consultores encararon en la Comisión de Fiscalización del Congreso, a la cual asistieron por su propia iniciativa para exigir la fiscalización, el «honorable» dijo que «él no había dicho a los medios de comunicación que cobraban a 25.000 sucres por dólar, sino que así estaba el cambio». Tampoco dijo haber estado informado de la sucretización y del congelamiento a 7.217,5. żdónde estaba este diputado cuando se aprobó esta ley? żpuede soportarse una desfachatez tan grande?. Hablemos de los supuestos dirigentes de la CONAIE que traban en el PRODEPINE. Se mostró que este no es un Proyecto de la CONAIE, sino del Gobierno Ecuatoriano, que procede de un convenio internacional con el Banco Mundial y el FIDA, y que cuenta con la participación de seis organizaciones nacionales indígenas y afroecuatorianas (CONAIE, FENOCIN, FEINE, FENACLE, FEI y CNA), es decir, es la experiencia más interesante de concertación que se haya logrado en el Ecuador entre actores discímiles. Se demostró que los consultores se reclutaron a través de concursos públicos, cuyas convocatorias salieron en los principales diarios del país, en el que participaron cientos de profesionales de toda procedencia étnica y que los que ganaron, lo lograron por méritos académicos, por experiencia y conocimiento de metodologías del desarrollo y por haber trabajado con indígenas y negros. Cuando el PRODEPINE enfrentó a Cantos, éste dijo «que no había dicho que allí trabajaban dirigentes de la CONAIE, sino el hermano de Antonio Vargas», a lo que le respondieron que sí, que este consultor de origen záparo habla tres idiomas, se graduó en Europa y es un técnico de trayectoria reconocida. żHay algún delito que el hermano de un dirigente, trabaje por sus méritos en algún proyecto del país? żo por ser indio no puede ser consultor?. Hablemos del supuesto financiamiento a los levantamientos indígenas. El Proyecto mostró que los fondos se invierten según rubros elaborados en el presupuesto aprobado en el convenio internacional, que la gestión es auditada por la Contraloría que hasta el momento ha realizado tres auditorías, las que han resultado totalmente limpias; que hay auditorías y No Objeciones para los gastos por parte del Banco Mundial y el FIDA; y hay un seguimiento permanente del Ministerio de Finanzas. Con todas estas formas de control, no es posible, ni remotamente financiar levantamientos de ninguna organización. żEs posible que un diputado levante falsas acusaciones y se quede tan campante sin merecer un castigo por su delito?. El racismo entona cantos El racismo se define como la capacidad que tiene un individuo o un grupo con poder, para excluir, discriminar, desvalorizar, difamar o eliminar a otra persona o a grupos sociales con menos poder, por razones raciales y étnicas. Esta definición que goza de consenso universal, calza como tramojo al puerco en la acción del diputado. Analicemos el transfondo de los hechos: (i) el «honorable» eligió 1 de los 19 proyectos con préstamos internacionales para escandalizar al país. Tal exclusión, que juzga con distinta vara a un proyecto respecto a los 18 restantes, tiene una profunda connotación racista; (ii) el «honorable» se escandaliza de que existan técnicos indios y negros de alto nivel con un salario razonable en el mercado de trabajo de consultorías en el país. Para Cantos no es posible que existan técnicos de alta calificación en el mundo indígena y negro, menos aún que tengan salarios casi comparables a los técnicos mestizos, lo cual en cualquier idioma se llama discriminación racial; (iii) el «honorable» considera que en un proyecto dirigido a indígenas y negros no deben trabajar técnicos provenientes de estos pueblos, cuando en cualquier experiencia en el mundo se sabe que se logra mejores resultados en el entendimiento y comunicación con la población meta cuando existen técnicos que provengan de los mismos pueblos. Mas aún, en el PRODEPINE, con profundo sentido intercultural existe un 30% de técnicos mestizos; (iv) «el honorable» usa el poder de inmunidad otorgado por la Constitución para difamar a los indios y negros, quedándose tan campante como si nada hubiese pasado; (v) el «honorable» toma un símbolo indígena actual, el poncho, para desvalorizarlo. Resulta que esta prenda en la simbología ecuatoriana representa a un indio, a uno de abajo, al que nunca se le hace justicia y es parte del atuendo tradicional de varios pueblos indígenas, con lo que, su desvalorización y burla, se convierte en un acto profundamente racista; y (vi) al comparar la miseria de varios sectores indígenas y afroecuatorianos con los supuestos buenos salarios de otros indios, establece la perversa y malévola relación de que estos salarios son la causa de esta pobreza. Estos son los signos cotidianos, casi desapercibidos del racismo en el país: estamos pasando del arranche de productos que muchos mestizos hicieron en el pasado, al arranche de la honra de los indios. El agudizamiento de relaciones interétnicas Posiciones como las de Cantos son terriblemente peligrosas, nos llevan inexorablemente a un agudizamiento de las relaciones interétnicas, a destapar conflictos cuya complejidad desborda cualquier predicción y aleja las posibilidades de construir una sociedad intercultural viable. Las manifestaciones que se dieron a raíz del escándalo son muy claras: en varias provincias serranas los carros del Proyecto fueron apedreados por mestizos, varios «periodistas» mestizos se la tomaron contra los indios de manera agresiva y gratuita, hasta en las calles los indios sufrieron agresiones de mestizos pobres, que casi culpaban a los indios de su miseria. Por el lado indio también se agudizaron los odios raciales. Cientos de indígenas en Chimborazo consideraron que era necesario bañar y ortigar al diputado. Muchos profesionales indígenas se sienten excluídos y discriminados de la competencia en el mercado laboral. El proceso electoral que debió debatir tesis y programas, tomó en las provincias de mayor presencia indígena el atajo de la confrontación interétnica. Las negociaciones de los movimientos indígenas con el Gobierno se empantanaron motivados entre otras cosas, por sospechas mutuas y recelos centenarios. En la costa, crecieron los odios raciales contra indios y negros en las calles, en los lugares de trabajo, en las relaciones diarias, movidos por algunas radios y periódicos que destilan odio racial. Las posibilidades de consenso en el país se vieron fuertemente afectadas por los cantos al racismo que utilizaron a un cholo que hace méritos para pasar por blanco, sin considerar que solo aumentará su esquizofrenia.Es necesario frenar esta escalada de enfrentamiento interétnico en el Ecuador. Para ello proponemos llevar el caso a varias instancias posibles: La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, La Corte Interamericana de Derechos Humanos o La Corte Internacional de Derechos Humanos, para obtener un claro pronunciamiento de estos organismos sobre este caso. Su pronunciamiento se convertirá en un poderoso castigo moral que disminuirá los cantos al racismo que están subiendo de tono. A nivel del país, el caso debe ser conocido y ventilado por el ALDHU, la CEDHU y demás organismos de derechos humanos para obtener pronunciamientos claros sobre el tema. Sugerimos a los medios de difusión serios, a los centros académicos, a las ONGs organizar foros sobre el racismo en la cotidianidad y en la relación estado-sociedad, para profundizar sobre las diversas formas de racismo, desde las sutiles hasta las groseras, para avanzar en las posibilidades de fortalecer la interculturalidad en el país. Todavía estamos a punto de lograr un país para todos y todas.

Refundar la patria grande

Por: René Báez

Después de la quimera del petróleo y sus alucinantes reflejos negativos, el Ecuador ha venido reencontrándose espasmódicamente con la dura realidad de un subdesarrollo y una subalternidad estructuralmente más profundos. Su patología comprende ahora problemas de enorme magnitud: caída de la producción e inflación -la estanflación, según el léxico de la Economía-, desarticulación y extrañamiento de su aparato productivo, bancarrota financiera,, acrecentada vulnerabilidad externa, insolvencia fiscal derivada especialmente de su astronómica deuda externa, tendencias autonómicas feudalizantes, desabastecimiento alimentario y correlativo deterioro biológico y nutricional, desindustrialización, desempleo y subempleo galopantes, migraciones desesperadas a «paraísos» primermundistas. El corre alto del deterioro de nuestra economía no puede ser más dramático: deslegitimación de las organizaciones políticas y de las instituciones estatales, confusión teórica e ideológica, fugas de la juventud a las contraculturas de la drogadicción y la delincuencia, frustración, ansiedad y neurosis colectivas.Si el Ecuador del siglo XX amaneció con los fulgores esperanzadores de «La alfarada», el Ecuador del siglo XXI se está inaugurando con inequívocos signos de decadencia y hundimiento. ¿Cómo pudimos arribar a este irresistible escenario?. «La historia es la maestra de la vida», nos enseñó Cicerón hace más de dos milenios. Se ha dicho también, y con razón, que la identificación correcta de los problemas comporta buena parte de la solución. Alumbrado por estas grandes verdades, intentaré esbozar un cuadro impresionista del proceso que nos ha conducido a la actual encrucijada. Tiempo precolonial: Chilam Balam, sacerdote maya, anticipa las consecuencias de la conquista española en la siguiente bella y estremecedora poesía: Dispersados serán por el mundo las mujeres que cantan y los hombres que cantan y todos los que cantan… Nadie se librará, nadie se salvará… Mucha miseria habrá en los años de imperio de la codicia. Los hombres esclavos han de hacerse. Triste estará el rostro del sol. Tiempos coloniales. Detrás de la cruz de un falsificado cristianismo vinieron la espada y el ansia de dinero.»Gran cosa es el oro, sirve hasta para enviar las almas al Paraíso», habría escrito Colón en sus apuntes de navegación. Las funestas consecuencias de esa obsesión por el oro no se harían esperar. «Amaneció en la mitad del día», relataba el cronista de la muerte de Atahualpa.La expansión del sistema europeo al «nuevo mundo» funden a sangre y fuego estructuras productivas naturales, armoniosas ‘ no sólo ante sino anticapitalistas, como dijera Césaire’ con el rampante capitalismo mercantil. En este operativo, los recipientes coloniales son vaciados de sus instituciones, se destruyen sus tribus y se reemplazan sus dioses, se falsifican civilizaciones y culturas que, si no perfectas aparecen coherentes con las necesidades de seguridad y avance colectivos. Se opera una metamorfosis de sociedades-sujeto en sociedades-objeto, en sociedades-eco, obligadas a funcionar -poblados de fantasmas y de zombies- como reflejos condicionados de una cultura material y espiritual extraña. Genocidio, explotación, racismo, dominación política e ideológica, despersonalización cultural. He ahí algunos componentes de la alquimia colonial sembrada y cultivada por el (proto) Primer Mundo y su razón instrumental del dinero y la ciencia positiva.La historia de la dominación colonial generará, por supuesto, la dialéctica de la resistencia.Ya el primer hijo que le nace al conquistador español Hernán Cortez, Andrés el hijo de la Malinche, será un rebelde. Desde entonces, las mejores páginas de la historia latinoamericana y ecuatoriana serán las escritas por hombres y mujeres que han sabido decir NO: No a la expoliación material. No al culto del dinero y a la deificación de las cosas. No a la razón de la fuerza. No a los fetiches. Cuauhtémoc en el norte, Lautaro y Caupolicán en el sur, Rumiñahui yTúpac Amaru en Los Andes, criollos gigantes como Miranda, Espejo, Bolívar, Tiradentes, Artigas, O´Higgins, entre tantos otros ofrendaron su pensamiento y su vida a la causa de la emancipación, la libertad, la identidad y la felicidad de los pueblos americanos. Epoca republicana El hundimiento del sistema colonial presidido por España culmina en el primer cuarto siglo XIX. Tal hundimiento, sin embargo, acaso por un signo trágico de nuestro destino no significará para Nuestra América -la martiana, no la monroísta- la constitución de estados plenamente autónomos e independientes, sino, por el contrario, el comienzo de una nueva etapa de subordinación e ignominias. Y esto porque la independencia política regional que, de modo general, resulta en los estados nacionales y en las fronteras prevalecientes en la actualidad, representa para las nacientes repúblicas, por un lado, la prolongación del aprobioso pasado colonialista -latifundismo, oscurantismo, abusos y canonjías- y, por otro lado, la progresiva modulación de nuestras economías y sociedades según el dictado de Inglaterra y su fórmula del libre comercio, originariamente bandera de piratas y filibusteros. «Hispanoamérica es libre y si no manejamos mal nuestros asuntos, ella es inglesa» había profetizado el premier inglés Canning en 18822. «Ultimo día del despotismo y primero de lo mismo», escribió una mano anónima en los muros de Quito. Nueva dominación, nueva resistencia. Ya en el siglo XX, el eje de la dominación de América Latina y el Ecuador se trasladará al propio suelo americano, concretamente a los Estados Unidos, ese monstruo super europeo que dijera Jean Paul Sartre. Fundado en el surgimiento de colosales firmas monopólicas, el poder estadounidense se extenderá sobre nuestras naciones mediante una inextricable red de relaciones de compulsión económica; financiera, tecnológica, política, ideológica, cultural, militar y policíaca. Si sabremos en el Ecuador cuyo último gobierno abdicó de la soberanía con la entrega de la base de Manta y la consagración del dólar como moneda nacional.Después de la II Guerra Mundial, el poder norteamericano, mediante una cruzada multilateral, buscará persuadirnos de que nuestros problemas de atraso y «subdesarrollo» pueden ser resueltos por la agregación a nuestros países (y, en general, al vasto sur del planeta) de algunos trazos modernizadores, que en su traducción práctica resulta en la difusión de pautas de consumo metropolitano, mientras bajo cuerda se intensifica el saqueo de nuestras riquezas. Epoca actual La victoria de la civilización capitalista frente a su rival histórico del siglo XXI, el «socialismo Real» que encabezara la URSS, representa para pueblos como los latinoamericanos la proyección en extensión y profundidad del esquema de dominación surgido desde el Renacimiento europeo y que tiene como sus principales ejes las ya mencionadas fuerzas amorales del dinero y la ciencia positiva. Quiero decir que después de cinco siglos de colonialismo y/o neocolonialismo, el ya cumplido Reich de los 500 años, economías como las latinoamericanas se encuentran gravemente desestructuradas al punto de demostrarse impotentes para autosustentarse incluso en términos alimentarios, debido a su funcionalización externa a las metrópolis. La traducción política de esta realidad es que la intervención militar del Imperio se vuelve necesaria sólo en situaciones extremas. Corrientemente le resulta suficiente aplicar, a través de burguesías consulares y políticos sin ningún sentido nacional, programas de cuño económico liberal, cuyo sentido último no es otro que descargar el peso del saqueo sobre las espaldas de los empresarios no monopolistas, trabajadores y demás sectores populares. A esta grosera forma de dominio y expoliación se le ha bautizado últimamente con los pastosos términos de globalización, modernización, libre mercado, democracia. Repetidas como sonsonete por las agentes y escribas criollos del poder imperial.Particularmente en las dos últimas décadas la deuda externa acumulada por las naciones latinoamericanas (y las demás naciones tercer y cuartomundistas) ha sido el mecanismo utilizado por el sistema mundial de dominación para bloquear cualquier camino de autonomía y autodeterminación. Tal el sentido de las políticas económicas dispuestas por organismos como el FMI, el Banco Mundial, la OMC, el BID, etc., que se instrumentan bajo los señuelos del libre comercio y la democracia formal, la democracia «nostra» que diría el gran pensador imbabureño Agustín Cueva. De todo esto resulta que, si la economía nos martiriza, la política -su otra cara- no la hace menos. Me refiero al deprimente espectáculo que se escenifica en nombre de la democracia.El famoso politólogo estadounidense Noam Chomsky escribe y denuncia: El mundo real se parece muy poco a las maravillosas fantasías que están hoy de moda y según las cuales la historia converge en un ideal de democracia liberal que es la plasmación definitiva de la Libertad… En otro pasaje nos dice: En la nueva era imperial hay un desplazamiento aún mayor hacia el extremo autoritario de la práctica democrática formal. El gobierno mundial de facto está perfectamente aislado de la intromisión popular o del conocimiento público. ¿Quién sigue las decisiones cruciales de los negociadores de la OMC o del FMI, que tanta importancia tienen para la sociedad mundial? ¿O de los bancos y las grandes empresas supranacionales que dominan la producción, el comercio y las condiciones de vida a escala mundial?. Me pregunto, ¿qué tiene que ver esta democracia de los magnates y dueños del planeta con la que soñara Bolívar en Tenerife? O sea, siguiendo sus palabras, «la absoluta igualdad de derechos y una regla de justicia que no se incline jamás hacia la fortuna, sino siempre a favor de la virtud y el mérito». Cuanta razón asistía a Ernesto «Che» Guevara cuando en Punta del Este declarara que la auténtica democracia tendría vigencia «cuando los pueblos sean realmente libres para escoger, cuando los humildes no estén reducidos por el hambre, la desigualdad social, el analfabetismo y los sistemas jurídicos a la más ominosa impotencia». Mucho podría extenderse este momorial de agravios contra la vida, el bienestar y la dignidad de Nuestra América y el Ecuador. El cáliz de la amargura continúa rebosante de egoísmos, mentiras, parodias y sainetes. La historia nos enseña que el precio de la libertad y la felicidad siempre ha sido alto y tiene como fundamento el valor. También que mientras más profundo es el dolor, más grande puede ser la alegría. La refundación de la Patria Grande por la cual vinieron y murieron los mejores hijos de esta atribulada América Latina sigue en lontananza.En fin, la vida sigue y la dialéctica opresión/liberación también.

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