Boletín No 174

ICCI

Editorial: ¡LA VICTORIA DEL NO! NACIÓ CON EL PARO NACIONAL

Equipo Editorial ICCI

La victoria del NO en la Consulta Popular y Referendo 2025, del 16 de noviembre, fue un triunfo de la lucha del movimiento indígena y demás sectores sociales. Esa victoria de la que muchos pretenden convertirse en sus padres, es una victoria que nació la tarde del 18 de septiembre, en que la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador CONAIE, decidió convocar al “Paro Nacional inmediato e indefinido” en contra del Decreto Ejecutivo 126, que elimina el subsidio al diésel en nuestro país.

Si recuperamos la memoria y la historia, podemos decir, que nació con la resistencia social al modelo capitalista de acumulación y de ajustes que nos imponen gobiernos y organismos de crédito como el BM, FMI, desde la década de los 80. Por ejemplo, frente a las “medidas de shock” del neoconservador León Febres Cordero (1984-1988) o el “gradualismo” del socialdemócrata Rodrigo Borja (1988-1992).

Pero el antecedente más inmediato de la victoria del NO en la Consulta Popular, está en la lucha y la sangre de Efraín Fuérez, José Guamán y Rosa Elena Paqui, en los más de 470 heridos, mutilados y discapacitados, en los 142 detenidos, golpeados, humillados, criminalizados y judicializados, en las Nacionalidades y Pueblos, en especial del norte de la serranía ecuatoriana y en el conjunto de los pueblos originarios y mestizos, que protagonizaron 375 cierres viales en 51 cantones de 19 provincias del país.

El valor y la rebeldía de los pueblos dignos se alzó, como una luz en “la nueva noche neoliberal y extractivista”, en contra del hambre y la imposición del régimen y el FMI, abriendo una grieta en el muro de un “conveniente consenso de silencio, temor y sometimiento al poder político”. 

Fue esa lucha la que “desnudó al rey orgulloso y soberbio” y dejó al sol, sus cueros racistas, prepotentes, fascistoides, genocidas; que, con sus autos blindados, comprados con dinero del pueblo ecuatoriano para combatir la delincuencia, agredieron, violentaron los derechos humanos de comuneros acusados de “terroristas”, incursionaron con “convoyes humanitarios”, llenos de armas, municiones y cartuchos lacrimógenos en contra de un pueblo empobrecido que exigía la derogatoria del Decreto 126 y de esta manera dejar sin efecto el incremento del combustible que más afecta la cadena productiva y provoca, a su vez, el incremento de los precios de los productos de primera necesidad.

La victoria del NO en la Consulta Popular y Referendo 2025, surgió como consecuencia del Paro Nacional y ha dejado fuera el supuesto antagonismo: “correismo-anticorreismo”, facciones del mismo poder, partidarias del mismo modelo de acumulación extractivista; neoliberales y postneoliberales (o progresistas), que contribuyen a ocultar el conflicto de clases y a sustituir a sectores sociales avanzados que lucharon en las calles y en las urnas. Cataduras semejantes, con matices, pero por igual incómodos y dispuestos a deshacerse de la Constitución de 2008, la misma que es el resultado de las propuestas históricas de los diversos sectores sociales y en particular del movimiento indígena ecuatoriano.

En los territorios de las Nacionalidades y Pueblos, donde se desarrolló con más fuerza el Paro Nacional la victoria del NO fue abrumadora y el rechazo al gobierno de Noboa llegó hasta el 80 y 92%, como en el caso de Peguche. La victoria de la resistencia popular expresada en el paro y en la consulta y referendo superó el 60% en el promedio nacional en relación a la instalación de bases militares en el país y en la convocatoria a una Asamblea Constituyente. El NO venció con porcentajes menores en las preguntas anzuelo sobre el financiamiento de los partidos políticos y el número de representantes en la Asamblea Nacional, confirmando que, frente a peguntas cruciales, el pueblo ecuatoriano es lúcido y brillante en evitar la trampa que le tendía un régimen torpe como mediocre.

La negativa a las bases militares norteamericanas en las Galápagos, Manta o Santa Elena dejan al imperio, comandado por Trump y al servilismo de Noboa, con un reducido margen de maniobra directa para sus propósitos geopolíticos y securitistas, mientras nos libramos de una amenaza humana, ambiental y bélica, en el territorio de un país y un pueblo soberanos.

El apabullante NO, en contra de la intención de redactar una nueva Constitución, deja al proyecto político del gobierno y las élites locales y externas sin herramientas legales para continuar con el saqueo total de las riquezas mineras, petroleras y gasíferas del país. Pero también deja en pie los derechos, las garantías, las potencialidades y las capacidades de la resistencia y la participación de las Nacionalidades y Pueblos del Ecuador. Quedan incólumes, los Derechos Colectivos, los Derechos de la Naturaleza, la Consulta Previa, el Derecho a la Resistencia y hasta el derecho a exigir la revocatoria del mandato.

La Constitución de Ecuador de 2008 que ha salido fortalecida y confirmada el 16 de noviembre tras la victoria del NO en las cuatro preguntas, reconoce la revocatoria del mandato como un derecho ciudadano en sus artículos: 107, 114 y 202. La revocatoria puede ser iniciada por la ciudadanía para destituir a cualquier autoridad de elección popular, basándose en el incumplimiento de sus deberes y responsabilidades, y la causal principal es la falta de cumplimiento de las promesas de campaña y la gestión ineficiente.

Resistencia popular contra el neoliberalismo salvaje: 31 días del paro nacional en Ecuador.

Hernán Reyes Aguinaga.

De los estallidos nacionales a las resistencias focalizadas.

Imposible entender la naturaleza y los alcances del paro que sacudió Ecuador entre el 22 de septiembre y el 22 de octubre de 2025 sin considerarlo en su continuidad con dos episodios de aguda conflictividad social desarrollados en años anteriores: los paros plurinacionales de 2019 y 2022. Ambas evidenciaron con claridad no sólo la anulación de mecanismos institucionales para resolver los conflictos sociales sino, a la vez, la potencia de la lucha social empujada desde el campo popular en contra de un Estado secuestrado por las élites oligárquicas.

Ambos se presentaron como estallidos sociales que defendían por la fuerza la vigencia de derechos ciudadanos contra gobiernos que trataban de anularlos. Tanto en 2019 como en 2022, cada uno de estos dos episodios de crisis de gobernabilidad implicaron intentos previos de negociación directa para resolver la conflictividad social desatada por políticas económicas que selectivamente perjudicaban a los más pobres, los cuales fueron dejados de lado por los gobiernos de Moreno y Lasso.

La respuesta estatal frente a los mismos se enmarcó en un escenario de violencia social agravada y encuadrada en los “estados de excepción” como regla y en la “declaratoria de conflicto armado interno, declarados por Noboa, como parte de una serie de procesos de devastación democrática (Sánchez Parga, 2011) marcada por la “guerra antiterrorista contra las libertades democráticas” que “suprime los derechos de los ciudadanos (…) haciendo que cualquier oposición a su interior no pueda ser más que terrorista y declarada como tal”, como bien anticipó Sánchez Parga (p. 393). Esta postura totalitarista fue que adoptó el gobierno de Noboa para acallar y desactivar el paro nacional declarado por un conjunto de organizaciones que forman parte del Movimiento Indígena y otros sectores del activismo social y de la organización territorial urbana y campesina, activaron un amplio repertorio de mecanismos de protesta y movilización para enfrentar políticas que apuntaban a empobrecer más a los más pobres y a enriquecer a los eternos dueños del país.

Respecto al paro de 2025, según un reciente informe de la Alianza de Organizaciones de Derechos Humanos de Ecuador, publicado en noviembre de este año

El decreto que eliminó el subsidio al diésel (Decreto Ejecutivo 126) reactivó las mismas demandas no resueltas de 2019 y 2022, lo que mostró la falta de cumplimiento de los gobiernos de turno y la ausencia de mecanismos estructurales para garantizar una participación efectiva y sostenida del movimiento indígena y de otros sectores sociales en la toma de decisiones que afectan la vida de millones de personas. Esto, pese a que ya había una experiencia previa de diálogo sobre la focalización de combustibles con el movimiento indígena en 2022, que podía servir como punto departida. 

En el paro nacional de junio de 2022 se suscribió un Acta de Paz entre el movimiento indígena y el gobierno de turno, tras dieciocho días de movilizaciones. En ese entonces el diálogo tampoco fue concebido como un mecanismo preventivo o estructural de atención a las demandas sociales, sino como una respuesta reactiva y forzada ante la presión ciudadana y la movilización sostenida a nivel nacional (p.28).

Como se puede apreciar, ni en 2019 ni en 2022, la protesta social logró modificar las decisiones autoritarias de los gobiernos y los diálogos fueron solo mecanismos para desactivar las acciones contenciosas. En 2025 y con Noboa en el poder, ni tan siquiera hubo intención de diálogo
entre las partes.

Noboa radicaliza el proyecto neoliberal: la chispa que enciende la mecha

Hacia 2025, el Ecuador está sumido en un escenario donde se profundizan señales del “debilitamiento del Estado de Derecho y del ataque al Estado plurinacional” así como de la aplicación de medidas que “con el pretexto de combatir la inseguridad ciudadana y el crimen organizado que ha incrementado de forma alarmante en el Ecuador y en la región” han generado una marcada “profundización del deterioro de las condiciones de acceso a derechos económicos, sociales y culturales, principalmente en relación con: la precarización del empleo y con el desempleo, la pobreza, el desmantelamiento de los servicios públicos de salud y educación, y la falta de garantías para el acceso a alimentación” (Alianza de Organizaciones por los Derechos Humanos del Ecuador, 2025).

En medio de esta crítica situación, el gobierno de Daniel Noboa anuncia la eliminación del subsidio al diésel mediante el Decreto Ejecutivo 126 del 12 de septiembre de 2025, lo que implicó que su precio suba de 1,80 a 2,80 dólares por cada galón. El 18 de septiembre de 2025 el gobierno de la Conaie se reúne en Riobamba y anuncia un paro nacional, al cual le adjudica el carácter de “inmediato, indefinido y progresivo”. Pero en este caso, tales palabras designaron, describieron y precedieron algo incierto
que aún estaba por acontecer. Y luego se vería que tal anuncio rebasó a la propia dirigencia de la Conaie, pero a la vez encendió una mecha que no se apagó por un mes.

Noboa, un día después de convocado el paro por las organizaciones indígenas, decidió “radicalizar” su postura política a través de una declaración sorprendentemente racista y antidemocrática y mediante una decisión política. Por un lado, declara públicamente en la provincia de Bolívar: “Como si (los indígenas) fuesen los dueños del país, nos han declarado personas no gratas. Yo los declaro a ellos personas non gratas en todo el país”. Ese mismo día, decide convocar a una consulta popular mediante
la cual pretende la instauración de una Asamblea Nacional Constituyente para redactar una nueva Constitución. Los resultados de esta decisión gubernamental mostrarían posteriormente lo equivocada que fue. Pocos días después, el 26 de septiembre, Noboa endureció su discurso y dijo que dialogar con los manifestantes en paro significaba un “atentado contra la democracia” (Alianza de Organizaciones
de Derechos Humanos, 2025, p. 29)

Así, se puede decir que hubo el concatenamiento de varios procesos: la acumulación de malestar social por un año de desgobierno, la emergencia de un paro nacional que tuvo un gran impacto político y se mantuvo por un mes gracias a la inteligencia estratégica y descomunal valentía por organizaciones
de base y comunas y, finalmente, la derrota rotunda de Noboa en la consulta popular y referéndum. Esta convergencia de factores, que tiene al Paro Nacional de septiembre-octubre de 2025 como el elemento
articulador, nos ayuda a explicar también la respuesta de la ciudadanía a la Consulta Popular del 16 de noviembre pasado, donde el gobierno perdió ampliamente en las cuatro preguntas planteadas y por ende sufrió una seria fractura en su legitimidad y aprobación de su gestión.

Falsas narrativas de magnicidio contra Noboa: el “convoy humanitario” y los “chocolates con veneno”.

El 29 de septiembre, Noboa decide ir a Otavalo a entregar “ayuda humanitaria”, pero en el trayecto, su caravana es atacada por los manifestantes. Respecto a este hecho, “CNN Español”, publicó la nota digital intitulada “Atacan convoy encabezado por el presidente Daniel Noboa durante las protestas en Ecuador”, donde se afirma que

“Un convoy cargado de ayuda humanitaria y encabezado por el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, fue atacado en la noche del domingo al ingresar en la provincia de Imbabura, según informó el Gobierno, en medio de las protestas y movilizaciones en contra de la eliminación del subsidio al diésel (…) La portavoz de la Presidencia, Carolina Jaramillo, dijo este lunes que el convoy estaba encabezado por el presidente Daniel Noboa, los ministros del Bloque de Seguridad, el Nuncio apostólico, la embajadora de la Unión Europea, la coordinadora residente de la ONU en Ecuador y el embajador de Italia en el país (…)

Así, el 29 de septiembre de 2025, mediante comunicado oficial en sus redes sociales, la Embajada de Italia en Quito, publica que

“El Embajador de Italia en Ecuador, Giovanni Davoli, confirmó que se encontraba en el convoy encabezado por el presidente del Ecuador, Daniel Noboa, en la provincia de Imbabura en la noche
de ayer, cuando este fue atacado con la intención de infligir el máximo daño posible a sus integrantes.
(…) El Embajador Davoli (…) condena enérgicamente este acto terrorista dirigido contra el Jefe de Estado ecuatoriano y subraya que ninguna protesta política violenta puede considerarse legítima (…)”.

Por otro lado, y en relación a otro desplazamiento presidencial por una zona atravesada por la paralización el 7 de octubre, funcionarios encargados de la seguridad del gobierno fueron advertidos que existían un clima totalmente adverso e incluso riesgoso para la presencia de Daniel Noboa en
la provincia del Cañar en un convoy denominado de “ayuda humanitaria”, no hubo respuesta a tales advertencias y tal desplazamiento efectivamente se dio. Al hacerlo, sucedió lo que era lógico y previsible: en la localidad de El Tambo, en la provincia de Cañar, quienes estaban sumados al paro bloquearon tramos de carretera e incluso comuneros atacaron con palos y piedras la caravana presidencial.

La prensa nacional alineada con el gobierno, así como medios internacionales difundieron y amplificaron esta versión, indicando que los vehículos del convoy presidencial no sólo fueron atacados con palos y piedras, sino incluso que había indicios de que el ataque incluyó disparo de balas al vehículo del mandatario.

Por un lado, Noboa declaraba que “No es que fueran palos y piedras nomás. Hubo cohetes caseros, bombas molotov, proyectiles que igual te pueden matar… además, desde la altura lanzaron rocas contra el parabrisas y el capot del carro”, dijo Noboa sobre la gravedad del ataque. Mientras tanto, otras autoridades del Gobierno aseguraron que el vehículo presidencial incluso recibió impactos de arma de fuego, aunque esto no fue confirmado ni por la Policía Nacional o los ministerios de Defensa o del Interior. Por ejemplo, el ministro de Defensa, Gian Carlo Loffredo declaró a Teleamazonas que “el nivel de agresión con el que se atacó la caravana denota que esto fue un claro intento de asesinato y un acto de terrorismo en contra del primer mandatario”.

Inmediatamente, la Conaie rechazó públicamente “las acusaciones infundadas de magnicidio o intento de asesinato”, y explicó que el convoy presidencial “ingresó en una zona de resistencia y fue apedreado”, lo cual “lejos de ser un accidente, constituye una provocación del Gobierno” a los manifestantes. Más tarde, la misma Conaie llegaría a afirmar que se trató de un acto de “falsa bandera” es decir de una acción auto-infligida por el gobierno.

A los pocos días, un informe de la Policía Nacional aclaró la inexistencia de señales de balas en los vehículos de la caravana presidencial de Daniel Noboa. La versión oficial contradijo totalmente lo dicho por varios ministros del gobierno, quienes aseguraban que los automotores fueron atacados a tiros. Tal revelación puso en completa duda la versión oficial sobre lo ocurrido en el convoy presidencial y dejó en entredicho la transparencia de lo informado por autoridades del gobierno. Por su lado, el 7 de octubre Ecuador Chequea demostró como “falsa” una publicación de Royal News English la cual afirmaba que el presidente Daniel Noboa “sobrevivió a un tiroteo”. Así como las denuncias del gobierno de que hubo un intento de asesinato y “signos de bala” en el vehículo.

Se puede concluir que este episodio fue el pretexto para la construcción de una narrativa de corte victimizante por parte de Noboa. Las versiones oficiales llegaron a plantear que los hechos mostraban que hubo “un intento de asesinato” dirigido contra el mandatario Daniel Noboa, como lo repitieron varias autoridades a distintos medios de comunicación nacionales e internacionales.

Pero las intenciones del gobierno por acusar de que se había querido atentar con la vida del presidente fueron más allá. Días después, la Casa Militar Presidencial, encargada de la seguridad de Noboa hizo público un supuesto intento de envenenamiento que según esta fuente habría ocurrido el pasado 17 de octubre en la ciudad de Babahoyo, provincia de Los Ríos, según se dijo, al haberse hallado tres químicos nocivos en productos artesanales entregados en una canasta como obsequios para el Mandatario. A la larga, las acusaciones de magnicidio se fueron difuminando y no aparecieron ni siquiera indicios, peores evidencias de culpa sobre nadie.

La narrativa que pretendió implantar el gobierno se extendió también a acusaciones de supuesto “secuestro” de miembros de las FF. AA. y la Policía por parte de comunidades indígenas, sin que exista evidencia alguna de aquello, narrativa idéntica a la que también se trató de generar en 2019 y 2022. En este caso, luego se mostraría que lo que ocurrió fueron acciones de autodefensa comunitaria que desembocaron en la retención de miembros de los aparatos represivos que incursionaron violentamente en las comunidades o se infiltraron para boicotear en las acciones de movilización y protesta: Así ocurrió con la detención de varios militares en Cotacachi, así como de dos policías en la comunidad de Nizag, Alausí, en Chimborazo.

Ataque selectivo a líderes y dirigentes sociales: desde bloqueo de cuentas bancarias hasta instauración de juicios por terrorismo

El 21 y el 22 de octubre, la Conaie y el Cabildo por el Agua de Cuenca denunciaron el bloqueo de las cuentas bancarias de varios de sus dirigentes y organizaciones. Simplemente, distintas entidades financieras informaron verbalmente que la acción respondía a una orden estatal, lo cual claramente vulnera el derecho a la propiedad privada (Art. 66.26, Constitución de la República del Ecuador, CRE) al congelar fondos sin una orden judicial que lo justifique, afectando directamente el patrimonio organizacional y limitando el uso de recursos legítimos para el sostenimiento de las actividades de la organización, afectando los derechos constitucionales a la protesta (Art. 98, CRE) y a la libre asociación (Art. 66.13, CRE), y violentando las garantías del debido proceso (Art.76, CRE).

Es la primera vez que la prepotencia del gobierno asume una medida ilegal y abusiva como esta, perjudicando a medio centenar de dirigentes sociales e incluso a organizaciones sin fines de lucro. Entre los dirigentes atacados hay perjuicios incluso en el plano del sostenimiento y cuidado familiar, como denunció el biólogo y comunicador comunitario Andrés Tapia, ex dirigente de comunicación de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniae).

La organización Alianza Ceibo que trabaja con pueblos indígenas amazónicos y que dirige una campaña en contra de la licitación de los Bloques Subandinos para la explotación petrolera que pone en riesgo al
territorio Waorani, sufrió el bloqueo de sus cuentas bancarias el 6 de octubre, por lo que no pudo pagar sueldos a trabajadores ni cubrir deudas con proveedores, y le obligó a paralizar actividades. La filial amazónica de la CONAIE, la CONFENIAE, así como la Fundación Pachamama, la Unión de Afectados por Texaco (UDAPT) y PAKKIRU, la Organización Kichwa de Pastaza, todas ellas dedicadas a la defensa de la naturaleza y de los derechos de los pueblos indígenas también fueron afectadas por esta arbitraria medida.

Aunque no se responsabilizaron públicamente de esta acción ni la Unidad de Análisis Financiero y Económico (UAFE) ni la Superintendencia de Bancos, extraoficialmente se conoció que se trató de una medida cautelar administrativa ordenada por la UAFE y ratificada por un juez, sobre la base de una indagación previa de la Fiscalía General del Estado. Para remate, el propio presidente Daniel Noboa justificó la medida amparándose en la vigencia de la Ley de Transparencia Social, impugnada por seis demandas de inconstitucionalidad.

Adicionalmente, a los pocos días de iniciado el paro se multiplicaron acusaciones e inicio de  investigaciones penales contra múltiples dirigentes. Se reportaron diversas acciones de criminalización, intimidación y amenaza contra 61 defensores y defensoras de derechos, dirigentes/as sociales, abogados/as y 27 organizaciones ambientalistas e indígenas, impulsadas por parte de la Fiscalía General del Estado por el presunto delito de “enriquecimiento privado no justificado”, los cuales afectaron inicialmente al menos a 33 personas, pero cuyo número aumentó en lo posterior.

Triunfo popular a pesar de la violación masiva y a mansalva de los derechos humanos.

Aunque el derecho a la protesta social es legal y legítimamente un derecho de toda democracia, la criminalización de los manifestantes y sus dirigentes del paro, de nuevo el núcleo de la narrativa oficial, fue subiendo de tono conforme avanzaba el paro. El 18 de septiembre, Noboa afirmó que quienes participen del paro “serán denunciados por terrorismo y se irán 30 años presos”. El 26 de septiembre,
en una entrevista exclusiva con Ecuavisa, el presidente Noboa vinculó a la paralización social con la minería ilegal, y hasta se atrevió a afirmar que había evidencias de la presencia de “miembros del Tren de Aragua, miembros de GDO, miembros de grupos narcoterroristas” en las protestas, y que era “una protesta financiada por mineros ilegales”, según dijo sin empacho ni prueba alguna.

Con esta narrativa que caracterizó al “enemigo interno” como criminal, Noboa arremetió cada vez con más violencia contra los manifestantes. Los altos mandos militares ratificaron el uso de todos los recursos disponibles para reprimir el paro: mecanismos de inteligencia, uso de miles de efectivos dotados de armamento pesado y vehículos usados en conflictos bélicos, uso desproporcionado e injustificado de la fuerza en ataques a las comunidades, los que incluyeron desde bombas lacrimógenas y aturdidoras y hasta armas de fuego. Así, militares y policías arremetieron sin miramiento alguno contra quienes protestaban en vías y calles. Las escalofriantes imágenes de la agonía y muerte del comunero Efraín Fuérez el 28 de septiembre y la violencia ejercida contra quien intentaba socorrerlo, se multiplicaron por las redes sociales y generaron el repudio mayoritario de quienes no intervenían en la paralización.

Como ya se mencionó antes, otra estrategia de guerra fue la utilización de convoyes militares que actuaban en la oscuridad de la noche y la madrugada, ingresando violentamente a las comunidades y a los propios hogares de los manifestantes para golpearlos y detenerlos. Incluso se llegó a falsear la figura del “convoy humanitario”, con una repudiable participación de organismos internacionales, diplomáticos y hasta la alta Curia de la Iglesia Católica, para disfrazar la represión militar.

A la larga, aparte del asesinato de Fuérez, hubo dos muertes adicionales como consecuencia de la salvaje y desmedida represión militar y policial. Pero el alcance de las afectaciones a las personas fue mayúsculo pues se detectó

la represión en el área de manifestaciones y viviendas; con la presencia de bombas lacrimógenas arrojadas al interior de viviendas; el ingreso violento a estas, inclusive durante la noche y madrugada; disparos contra población inmovilizada; uso de armamento de guerra como fusiles de asalto y carabinas Mosberg calibre 12, con las cuáles dispararon y apuntaron a los pobladores; bombas lacrimógenas utilizadas de forma desmedida; personas golpeadas, algunas de ellas por varios miembros de la fuerza pública; personas atropelladas; personas afectadas por bombas aturdidoras; agresiones brutales a personas que luego fueron detenidas; personas perseguidas por tanquetas militares; personas heridas por la espalda y uso de perdigones, inclusive a la cara; gases lanzados directamente a la cara; bombas lacrimógenas lanzadas directamente al cuerpo e inclusive al rostro ingreso de convoyes militares para despejar vías haciendo uso de la fuerza; amenazas de uso de armas letales; agresiones a periodistas y brigadistas de salud; grupos armados y vestidos de civiles que atacaron a comunidades kichwas y uso de bombas lacrimógenas caducadas (Alianza de Organizaciones de derechos Humanos, noviembre de 2025)

Como resultado de los ataques militares y policiales se reportó la existencia de al menos 15 personas desaparecidas y 473 personas heridas, el 88 % de ellas en la provincia de Imbabura, a donde se desplazaron 10.000 militares y miles de policías.

A ello se suma 55 agresiones contra periodistas, según Periodistas sin Cadenas, incluyendo un reportero comunitario herido de bala. Adicionalmente se clausuraron de forma temporal tres medios comunitarios: Radio Inti Pacha, Radio Ilumán y TV MICC. A lo anterior se suma la detención y deportación de un periodista extranjero, la prohibición de acceso a ruedas de prensa gubernamentales
dirigido a ciertos periodistas, el bloqueo temporal de internet y la inhibición de señal en zonas de protesta, así como “ataques cibernéticos a un portal informativo; y, hostigamiento operativo mediante requisas injustificadas, detenciones, decomiso de equipos y destrucción o borrado forzoso de material periodístico”, según la declaración pública del Grupo de Trabajo Comunicación, Culturas y Política del Consejo Latinoamericanos de Ciencias Sociales, CLACSO, el 16 de octubre.

Al 23 de octubre la información oficial era de 140 personas aún detenidas, entre ellas doce comuneros indígenas a quienes se denominó como los “Doce de Otavalo”, los cuales fueron detenidos arbitrariamente y con el uso abusivo del tipo penal “terrorismo”, fueron incluso trasladados fuera de su jurisdicción a cárceles de altísima peligrosidad y riesgo para sus vidas.

Por su parte, los sectores empresariales, como siempre, se articularon en torno a que el paro “no deja trabajar ni producir” y actuaron una vez más como corifeos de los abusos del gobierno de turno frente a la protesta popular. Por ejemplo, María-Paz Jervis, presidenta de la Cámara de Industrias y Producción, se lamentaba sobre los camiones de transportación de productos comerciales “secuestrados” y sobre “más de 200 personas” que no habrían podido llegar a sus trabajos, silenciándose absolutamente sobre las graves afectaciones personales y familiares de la represión sobre miles de manifestantes.

En fin, una vez más en Ecuador el campo popular estalla contra el neoliberalismo, cada vez más duro y violento. El Paro Nacional de septiembre y octubre de 2025 abarcó un sinnúmero de acciones de resistencia en 10 provincias, entre las cuales destacaron las de Imbabura y de Pichincha y se prolongó por un mes entero a pesar de la inédita y desmedida represión militar y policial ordenada por Noboa. Los protagonistas fueron organizaciones como la UNORCAC, las bases de la FICI y muchas comunidades indígenas especialmente de los pueblos Otavalo, Cayambi, Kitu Kara y Panzaleo, las cuales ante la debilidad de respuesta de la dirigencia nacional de la Conaie y de los enormes recursos narrativos para criminalizar y deslegitimar la propuesta que utilizó el gobierno y sus aliados del poder económico y político, se mantuvieron firmes. Nuevamente, la solidaridad de los demás sectores populares se hizo presente: brigadas médicas voluntarias, equipos de abogados para la defensa gratuita, grupos de antropólogos para defender el principio de interculturalidad en los procesos judiciales, ayuda en alimentos y medicinas por parte de estudiantes, docentes universitarios y organismos no gubernamentales.

Una vez más, la indignación y valor de los más afectados por el modelo de empobrecimiento acelerado que ha puesto en práctica el gobierno de Noboa, pudo más que el miedo, el dolor y la muerte producidas por la represión de Fuerzas Armadas y Policía, así como por la persecución judicial y el hostigamiento financiero, quedando aún abiertos los desenlaces de esos mecanismos arteros de criminalización y persecución social, que repitieron discursos racistas, clasistas y “aporofóbicos” (Aporofobia: es el odio, rechazo o miedo hacia las personas en situación de pobreza o desfavorecidas), al extremo de que la líder indígena Nina Pacari llegó a denunciar etnocidio.

De nuevo, son las comunidades indígenas y campesinos, con nuevos líderes y lideresas las que ponen de inicio el pecho a las bombas y a las balas, las que animan a la movilización de sectores urbanos. Una vez más se le dijo NO a Noboa y a su proyecto de destrucción del país y paralizaron de buena parte del Ecuador por 31 días, resistiendo de forma descentralizada y desde abajo. Ese NO del Paro Nacional se convirtió en el rotundo NO que derrotó a Noboa en la Consulta Popular y Referéndum del 16 de noviembre pasado. Y con ello, los derechos del pueblo, aunque siguen en riesgo, están vigentes y vivos. Y así, la lucha y la resistencia continuarán.

 

Referencias:
-Alianza de Organizaciones por los Derechos Humanos del Ecuador, “Informe de Vulneraciones a los Derechos Humanos durante el Paro Nacional de Ecuador. Septiembre y octubre de 2025”, noviembre 2025. https://alianzaddhh.org/ informe-de-verificacion-de-derechos-humanos-durante-el-paro-nacional-de-ecuador-de-2025/
-Grupo de Trabajo CLACSO Comunicación, Culturas y Política, “Criminalización de la protesta y ataques a la comunicación en Ecuador”, 16 de octubre, https://www.clacso.org/criminalizacion-de-la-protesta-y-ataques-a-la-comunicacion-en-ecuador/
-Registro Oficial, Decreto Ejecutivo No, 174, publicado el 4 de octubre de 2025. https://strapi.lexis.com.ec/uploads/Decreto_Ejecutivo_174_LEXIS_Ecuador_30c-09fd214.pdf
-Ruiz, Gabriela, 12 de octubre de 2025. “Leer el Paro Nacional de Ecuador en clave del ´racismo´”, Pie de pág. Disponible en https://piedepagina.mx/leer-al-paro-nacional-del-ecuador-en-clave-deracismo/
-Sánchez Parga, José, Devastación de la democracia en la sociedad de mercado”, Centro Andino de Acción Popular, Quito, 2011
-Santillana, Alejandra. Huella del Sur. “Paro en Ecuador: represión, racismo y protesta desde abajo”. Disponible en https://huelladelsur.ar/2025/11/12/paro-en-ecuador- represion-racismo-y-protesta-desde-abajo/#_ftn3

Ecuador: paro indígena y revolución molescular

Pablo Dávalos

Existe un fenómeno que debería ser sometido a examen: la forma por la cual las publicaciones más banales, más toscas, más intrascendentes de las redes sociales logran capturar la atención de millones de personas y se viralizan. ¿Por qué se produce este fenómeno? ¿Cómo es posible que millones de personas se enganchen con las publicaciones más banales y que, prima facie, no tienen ningún sentido? ¿Por qué se reconocen en ellas? ¿Por qué se viralizan? Y, este fenómeno, ¿qué consecuencias tiene para la sociedad? ¿Cómo influye en las luchas políticas, en la democracia, en las instituciones?

Son cuestiones que ameritan una explicación más comprehensiva porque permite intuir dinámicas sociales que son propias a la sociedad de plataformas digitales, la IA y las redes sociales. Aquello que emerge es, paradójicamente, la banalidad, la frivolidad, la inmediatez y la mediocridad como condiciones indispensables para tener éxito en las redes sociales y, a partir de ahí, en la sociedad. Mientras más banal sea una publicación en redes sociales, más posibilidades tiene de viralizarse. Mientras más se viralice, más opciones hay para su monetización. El capitalismo tardío de plataformas y extracción cognitiva no solo que convierte, como escribe Byung- Chul Han, a todos en sujetos de rendimiento, sino que exige, además, la mediocridad y la vulgaridad como requisitos de éxito y reconocimiento social.

Lo banal se convierte en la materia prima de las plataformas de redes sociales. El enorme poder de cómputo que tiene cada persona en sus manos a través de sus Smartphone es puesto como base tecnológica para la proliferación de lo banal, lo intrascendente, pero, a partir de ahí, se produce la captura de información, tiempo, atención y conocimiento social; y emerge una nueva forma de plusvalía: aquella del conocimiento y comunicación societal. Si una sociedad empieza a construir sus referentes desde lo banal sus horizontes civilizatorios empiezan a convertirse en distópicos.

Si la banalidad estructura el marco epistémico y ontológico de las plataformas de redes sociales y la vinculación que las personas tienen con estas plataformas, entonces el campo de disputa político deviene semiótico. Para comprender al capitalismo tardío de plataformas y de IA, es necesario situar la discusión dentro de la semiótica política.

Ahora bien, por supuesto que hay muchísimo contenido en las plataformas de redes sociales y, muchos de ellos, realmente valen la pena; empero, de toda esa proliferación de contenidos, aquellos que finalmente se imponen y se hacen virales tiene que ver con la banalidad. Esto podría indicar que la banalidad, la frivolidad, la intrascendencia, tendrían la capacidad de generar, de alguna manera, más fuerza gravitatoria en las redes sociales que otras publicaciones con contenidos más elaborados. 

Quizá en esta fuerza gravitatoria que tiene lo banal de alterar el campo del significante estaría una de las claves que explicarían la tendencia de las sociedades hacia posiciones de extrema derecha, porque permite conectar, a partir de lo banal del mundo, la precariedad del mundo y legitimarla. La precariedad del mundo no se explicaría por la estructura del capitalismo tardío sino por la presencia del Otro.

En un contexto de tensión social por la lucha de clases, la banalidad disuelve esa lucha de clases, evanesce la conciencia de clase y cualquier forma de compromiso ético y social y deriva la responsabilidad de la crisis del sistema hacia el Otro. Como el Otro es culpable de la precariedad del mundo, entonces se legitima la descarga de odio y violencia en contra de ese Otro, pero ese otro, en definitiva, siempre es uno mismo.

Una vez disuelta esa conciencia de clase, es más fácil situar en ese vacío contenidos más simples y que coinciden con lo que las personas sienten con respecto al mundo: el miedo al Otro, el miedo al futuro, el miedo a sí mismo y el miedo al mundo; todo ello es la expresión más fenoménica de la precariedad del mundo que produce el neoliberalismo del capitalismo tardío y el miedo es la materia prima del fascismo.

La banalidad, en ese sentido, es un recurso político para imponerse dentro de ese campo semiótico porque impide visualizar al capitalismo tardío como fundamento de la precariedad del mundo. La banalidad, si se permite la categoría, permite curvar el campo semiótico para impedir cualquier reflexión más elaborada sobre la compleja y contradictoria estructura histórica de la sociedad.

En efecto, si millones de personas se enganchan con la publicación más tonta que se pueda imaginar en las plataformas de redes sociales, ese enganche semiótico sirve como marco heurístico para definir el perímetro semiológico de los significantes de la realidad. Así́, el conflicto político entra, a fortiori y desfigurado, en ese campo semiótico en donde no hay posibilidad alguna de que derive en la comprensión de la realidad y, menos aún, en cambiarla. Ese enganche semiótico se traduce en hegemonía, aunque las personas que se enganchan a esos contenidos tan banales no tengan la más remota idea de ello.

Así, un meme, un reel, o cualquier otra publicación sin importar su forma ni contenido en las redes sociales y que no dice absolutamente nada y que solo expresa una situación de banalidad, pero que apela a los sentimientos más primarios de la población, tiene todas las posibilidades de convertirse en hegemónico porque un meme no solo es un artefacto semiótico, es también un dispositivo político.

Este fenómeno tiene que ver con los significantes y el campo desde el cual se procesan, es decir, la semiótica del conflicto social, de la lucha de clases. Estos significantes se estructuran en un relato sobre el cual se construye el orden del mundo desde el poder. La apelación a la banalidad en el capitalismo tardío para construir el relato del mundo, expresa la imposibilidad de asumir, comprender y actuar en el mundo como proyecto específico del capitalismo tardío. Expresa la fragilidad de vínculo que los seres humanos tienen con respecto a su sociedad.

El concepto de mundo es, por definición, ontológico. El filósofo alemán Heidegger escribía sobre los seres humanos somos seres arrojados en el mundo, de ahí su concepto de ser-en- el-mundo. Si el mundo es un concepto ontológico, y el relato del poder construye un determinado sentido
sobre el orden del mundo, entonces las disputas semióticas son, a la larga y, en definitiva, ontológicas y,
por supuesto, políticas.

Por tanto, hay que comprender al relato sobre la estructura del mundo y su contingencia como un campo tensional no solo en la política sino, fundamentalmente, en la semiótica y la ontología política. Es un campo tensional que refleja, precisamente esos conflictos de clase, pero que los estructura desde las dimensiones del significante. Así, por ejemplo, un meme, que es un artefacto semiótico, solamente cobra pertinencia cuando su sentido, validación y alcance se producen socialmente y bajo esta estructura de banalidad y fugacidad del mundo.

Hay que tener una serie de referentes, contextos y connotaciones previas para situar en su exacta medida la repercusión que puede tener un meme sobre determinadas personas o situaciones. Sin esos referentes, el meme se pierde. El meme es uno de los más importantes artefactos semióticos en estas batallas por el significante en el capitalismo tardío.

Se puede constatar que en un meme hay un vacío epistemológico con respecto al mundo porque el meme no explica nada ni requiere de ningún criterio de verdad; es pura apelación emocional, es instinto básico, es significante puro; por esa razón, el meme suscita una adhesión semiótica, y gracias a eso puede viralizarse, esa viralización indica que el meme ha logrado una captura semiótica porque crea un denominador común semiótico gracias a esa fuerza emocional que suscita y convoca.

En virtud de esa captura semiótica se genera la adhesión semiológica y el meme (o el post, o el Tik Tok) se vuelve viral. La viralidad impide la conformación y constitución de un discurso estructurado sobre el mundo. La viralidad es efímera. Apenas un instante en la constelación de instantes de las plataformas de redes sociales. Es distopía pura.

Esas publicaciones en redes sociales, como el meme, no permiten construir ningún discurso estable, porque están hechos para destruir la posibilidad de que la sociedad pueda construir explicaciones más elaboradas. Mientras más breves, mejor. Si no tienen palabras, mejor aún. Son puramente emocionales porque son básicamente simbólicos. Son símbolos que se perderán en una vorágine de otros instantes, pero impiden cualquier forma de reflexión o de análisis más consistente, más elaborado. Son agujeros negros para absorber todo debate político y fragmentarlo, de tal manera que se hace irreconocible el diálogo, porque impiden las mediaciones, es decir, nunca dan respiro para poder sentir, apreciar y comprender al mundo.

A esta capacidad de destruir el debate político sustentado en significados estables, consistentes y que ameritan reflexión y análisis, se lo puede denominar como vacío epistémico. Así, la forma que asume este campo semiótico de las redes sociales y sus plataformas es aquel del vacío epistémico. Pero eso no quita el hecho de que ese meme y esos post, o publicaciones en redes sociales, no sean políticos. Por supuesto que son políticos y expresan la política, sus disputas, sus antagonismos, sus luchas de clases. Sin embargo, y por las paradojas de la historia, quienes mejor han entendido la politicidad de estas formas semióticas de banalidad y frivolidad ha sido, precisamente, la derecha y es eso lo que les ha permitido ganar elecciones claves.

Un meme, en estos tiempos de modernidad líquida, puede ser más efectivo que un discurso político. Pero ese meme demuestra que los artefactos semióticos alteran de alguna manera el relato y, por tanto, el orden del mundo. Las luchas políticas en el siglo XXI, devienen en luchas semióticas y, en consecuencia, en disputas ontológicas por el símbolo y su significante.

El relato de mundo hecho desde el poder crea una adhesión semiótica, que mantiene la estabilidad del campo semiótico y sobre esa estabilidad se construyen y definen las condiciones del poder en el capitalismo de las plataformas, la inteligencia artificial y las aplicaciones.

Sin embargo, hay una serie de fenómenos que empiezan a producirse en diferentes partes del mundo y que expresan el agotamiento de esta forma de construir el debate político desde el vacío epistémico y la captura semiológica. El campo tensional del significante, por sus propias contradicciones, empieza a fracturarse.

Puede apreciarse que aparecen fenómenos de resistencia social que disputan este campo semiótico. Quienes lo han hecho, entre otros sectores sociales, también han sido adolescentes y jóvenes. Inspirados por la manga japonesa One Piece, entre otros referentes similares, han empezado un interesante proceso político que se caracteriza, precisamente, por la disputa semiótica que se convirtió en lucha política contra el poder. Lo hicieron en Nepal, en Marruecos, en Perú y, también, lo han hecho en Ecuador durante las movilizaciones convocadas por los movimientos indígenas en el último trimestre de 2025.

Al igual que la manga japonesa en donde el personaje principal intenta rescatar a sus amigos que han sido secuestrados por las transnacionales, estos jóvenes sienten que su propio tiempo y sus oportunidades han sido también secuestrados por esas mismas transnacionales.

Llegan a la política desde un desvío, desde un atajo semiótico. Como se trata de un atajo nadie los ve venir y abren el espacio para aquello que en algún momento teóricos como Deleuze, Guatari, Hardt y Negri, entre otros, denominaron las revoluciones moleculares.

Es justamente eso lo que se produjo a partir del paro indígena en Ecuador y la movilización semiótica en contra del gobierno de Daniel Noboa y que permitió crear la masa crítica semiótica suficiente para derrotarlo en las urnas de la consulta popular de fines de 2025, que, en el fondo, quería cambiar totalmente las reglas de juego a partir de la convocatoria a una nueva Asamblea Constituyente para adecuarla a los requerimientos del poder.

Se produjo una revolución molecular que se expresó́, condensó y manifestó en el territorio semiótico. Alteró el campo de fuerza semiótico del poder y transformó la percepción social sobre el mundo de tal manera que condujo a la sociedad a rechazar masivamente al poder.

Se trata de una revolución molecular que se expresa en la ruptura de los mecanismos de la captura del campo semiótico que hasta entonces había realizado el poder. Fue esta revolución molecular la que abrió́ el espacio para que una multiplicidad de organizaciones sociales, entre ellas las indígenas, pero también los jóvenes, los ciudadanos descontentos con el ajuste del FMI, entre otros, puedan abrir un resquicio en el asfixiante mundo neoliberal que ha devenido en situación tóxica por la preeminencia de la extrema derecha.

Si lo que está también en disputa es el relato sobre el orden del mundo y su legitimidad desde el campo semiótico, entonces cambiar la correlación de fuerzas semióticas en ese campo semiótico, definitivamente, es más complejo que el cambio de relaciones políticas que puede provocar un estallido social, una huelga general o una movilización social.

Los campos discursivos que se generan desde el poder tienen capacidad de resiliencia a los estallidos sociales. Son campos semióticos que han definido un perímetro simbólico de aquello que debe decirse, de su forma de interpretación y de aquello que no debe pronunciarse. Sobre esos campos semióticos se estructura la dominación política y se procesa el conflicto político y las capacidades hegemónicas.

En las movilizaciones de Ecuador de fines del año 2025 se produjo, en sus profundidades, un fenómeno que solamente puede ser apreciado a largo plazo y por sus consecuencias políticas: la derrota política al gobierno de Noboa en la consulta popular de fines de 2025.

Estas batallas políticas y por el significante, empezaron con el paro indígena de fines de septiembre de 2025 como protesta por el incremento del diésel a consecuencia del cumplimiento irrestricto del gobierno de Noboa a las condicionalidades del FMI. El movimiento indígena mantuvo, en esa coyuntura, la paralización más larga de su historia reciente. No fue un gran estallido, pero colaboró a que se desarrolle en su seno una verdadera batalla semiótica que solamente pudo ser apreciada en perspectiva histórica. Este paro indígena, en realidad, se proyectó hasta la consulta popular de mediados de noviembre de 2025 y produjo la primera gran derrota política a la derecha en el Ecuador de la última década.

En efecto, a diferencia de otras movilizaciones que devinieron en grandes estallidos sociales, como, por ejemplo, aquellas de octubre de 2019 o junio de 2022, esta vez el paro de la CONAIE, se focalizó en pocas provincias y daba la impresión de que se trataba de un fracaso político, al menos con relación a anteriores episodios de lucha social que habían logrado movilizar importantes sectores sociales.

Pero una mirada más atenta, da cuenta de que existió otro proceso en esa coyuntura. Este paro indígena, por la forma que asumió́, por los discursos que generó, por la participación de los jóvenes, formó parte de las revoluciones moleculares que atraviesan al capitalismo tardío y que disputan el relato sobre la ontología política del mundo, es decir, los contenidos semiológicos de la dominación política y la lucha de clases, en definitiva, Gramsci.

Ahora bien, ¿No se trata acaso de exagerar la interpretación sobre un fenómeno político que “suaviza”, por decirlo de alguna manera, la incapacidad del movimiento indígena por un estallido más general? ¿Al proponer una “revolución molecular” al paro indígena de 2025 y al proceso social que condujo a la victoria popular en la consulta popular de fines de ese año, no se está pretendiendo incorporar de forma forzosa variables que son aleatorias pero circunstanciales? Por supuesto que muchos jóvenes se unieron a la movilización convocada por los indígenas, pero la verdad es que esta movilización nunca fue un hecho masivo. Entonces, ¿por qué se asume que esta movilización indígena tan focalizada y tan diferente a otras movilizaciones generó una “disputa del campo semiótico” que pudo derivar en una “revolución molecular”?

Antes de responder a todas estas cuestiones, hay que indicar que habría sido imposible derrotar a Noboa en la consulta y referéndum de noviembre de 2025 sin la duración y contundencia del paro indígena de septiembre-octubre de 2025. La derrota política a Noboa es consecuencia directa del paro indígena. Se trata de la primera derrota política a la derecha en toda la década. Y fue una derrota contundente. Por eso, para comprender de qué forma el paro indígena condujo de forma directa a la derrota a la derecha, son necesarios algunos elementos previos y que tienen que ver, precisamente, con los contenidos semióticos de la dominación política y la disputa hegemónica.

El gobierno de Noboa había construido e impuesto un relato que había actuado como un atractor gravitatorio al campo semiótico construido desde el poder, ese relato se asentaba sobre un elemento semiótico: el clivaje correísmo-anticorreísmo. Sobre ese clivaje se había construido un estado de excepción permanente para una declaración de guerra, como conflicto armado no internacional (CANI), como mecanismo de dominación política. Gracias a eso, utilizó la violencia del crimen organizado como elemento de disuasión y de legitimidad para radicalizar el programa de ajuste del FMI.

Esto generó el marco para un proceso de acumulación de capital sustentado en los grandes grupos de poder económico que esta vez también detentaban el poder político. Se puso el acelerador a fondo para el extractivismo y la corrupción. El Estado fue utilizado como un factor más de la acumulación de capital de estos grupos económicos dominantes.

Empero, a nivel semiótico no se veía nada de esto. El ciudadano no veía que la guerra declarada por Noboa no era contra el crimen organizado sino directamente en contra de él. Tampoco veía la corrupción del gobierno de Noboa como un fenómeno estructural sino apenas circunstancial. Tampoco apreciaba las medidas económicas como parte de un programa económico diseñado desde el FMI. La dominación semiótica había logrado desaparecer del debate político los elementos más importantes de la realidad.

Si alguien hacía referencia a esos lacerantes elementos de la realidad inmediatamente era inscrito en esa curvatura del campo semiótico y que se expresaba en el clivaje correísmoanticorreísmo. Así, según este modelo, las críticas eran hechas por el “correísmo” que intentaba, por todos los medios, retornar al poder.

El gobierno de Noboa, además, se había caracterizado por un hábil manejo de las redes sociales, en especial Tik Tok, Discord, YouTube e Instagram, entre las más importantes. Había logrado viralizar sus contenidos en redes sociales y había producido una captura semiótica en el campo del relato que lo convirtieron en hegemónico sobre todo en los más jóvenes.

Gracias a esta forma relativamente novedosa de ejercer la política y que tiene en la extrema derecha sus referentes más importantes, como por ejemplo Trump en EEUU, Bukele en El Salvador, Orbán en Hungría, Meloni en Italia, Milei en Argentina y ahora Katz en Chile, entre otros, se había saturado el campo semiótico de contenidos banales y se había logrado una curvatura en ese campo de tal manera que era imposible que otros significantes puedan disputarlo y, por tanto, que exista una crítica a su gobierno.

Para la oposición política se trataba de un reto difícil porque la curvatura del campo semiótico se había logrado con un significante vacío, pero altamente funcional, aquel del correísmo-anticorreísmo.

De otra parte, ningún político de la oposición o líder social podían viralizar contenidos con la facilidad con la que lo hacía el presidente Noboa y su esposa que tenían a su disposición enormes recursos financieros, institucionales y de expertos, para hacerlo. Gracias a esta forma de ejercer la dominación política desde las redes sociales y la IA, se impuso un programa económico radical en sus contenidos neoliberales que no habían podido tener éxito en gobiernos anteriores.

¿Cómo desmontar una estructura de dominación semiótica sustentada en redes sociales e IA y que utiliza clivajes que producen esa curvatura del campo semiótico? ¿Cómo salir de la adhesión semiológica y captura semiótica? ¿De qué forma crear significantes que posibiliten escapar a la curvatura del campo semiótico hecho desde Noboa y su dominación política? ¿Cómo escapar de la fuerza gravitatoria de los atractores semióticos y los artefactos semióticos creados por la maquinaria comunicacional del régimen? Por ejemplo, ¿cómo salir del clivaje correísmo-anticorreísmo?

¿Cómo decirle al ciudadano que no existía ningún conflicto armado interno y que la guerra, en realidad era contra él? ¿Cómo explicar a la sociedad que el crimen organizado es un vector más del poder y su dominación hegemónica?

Para la sociedad y sus organizaciones, no se trataba solamente de hacer memes o publicar contenidos disruptivos en las redes sociales, se trataba de algo más complejo, más vasto y más profundo. Se trataba de disputar las nuevas formas que asume la dominación política en el campo de la política y la lucha de clases. Es decir, acompañar a la lucha de clases con contenidos de ruptura y disrupción semiótica que alteren la curvatura del campo semiótico hecho desde el poder.

Es desde esta perspectiva que puede entenderse mejor la movilización indígena, que tuvo dos momentos claves: el primero de ellos fue el tiempo político: fue una movilización que se produjo en el momento preciso, es decir, impidió que el gobierno tenga el tiempo necesario para realizar esa curvatura del campo semiótico para lograr la adhesión semiótica a sus contenidos y, con eso, pretender ganar la consulta. El segundo elemento clave de esta movilización indígena es que, gracias a su duración, permitió evidenciar la violencia del poder y, con ello, alterar la veracidad del discurso semiótico del poder y mostrarlo tal cual es.

Aunque parezca una hipérbole, pero desmontar una estructura de dominación semiótica que implica disputas ontológicas, porque lo que está en juego es el relato del orden del mundo, requiere de una verdadera revolución en términos del significante. Y es eso lo que empieza a configurarse no solo en Ecuador, sino en el capitalismo tardío: una revolución molecular cuya expresión fue evidente cuando se produjo la campaña ciudadana por el NO a las preguntas de la consulta y referéndum planteadas por el poder.

Es una revolución molecular que no necesita de un estallido sino más bien de la ubicuidad, la ambigüedad y la persistencia en la disputa del campo del significante y del relato del orden del mundo. Necesita, además, de referentes simbólicos como nuevas anclas semióticas para producir nuevos significados y, de esta forma, salir de la captura semiótica creada desde el poder. Es por eso que las revoluciones moleculares se extienden en el tiempo y se multiplican por el espacio de manera persistente pero como un síntoma que satura el tejido histórico del capitalismo tardío. Al extenderse en el tiempo y multiplicarse en el espacio, desgastan al poder y lo llevan a confrontar aquello que Negri y Hardt denominan la multitud.

El gobierno de Noboa nunca estuvo preparado para una movilización política que adquiera los tonos de la ubicuidad, radicalidad, multiplicidad en la campaña por el NO para la consulta y el referéndum. Tampoco estuvo preparado para estallidos fugaces en cualquier parte del país cuando se produjo la movilización indígena. El poder necesitaba un foco real de resistencia sobre el cual pueda ejercer todo el peso de la violencia para erradicarlo y, de esa forma, demostrar su fortaleza. Necesitaba un lugar determinado y un tiempo fijo para ejercer sobre ese lugar la heurística de la violencia y suprimirlo; que es lo que intentó hacer en la provincia de Imbabura al inicio de la movilización indígena.

Pero la provincia de Imbabura no se rindió y actuó como referente simbólico sobre el cual anclar nuevos vectores semióticos para la resistencia. A partir de ahí, se multiplicaron las movilizaciones y fue ese concepto de multitud el que creó las condiciones de posibilidad para la posterior derrota electoral y política del gobierno.

Se trató de una estrategia de desgaste permanente ante la cual no había posibilidad de crear, desde el poder, una barrera de contención, porque nacía desde lo múltiple, desde lo molecular y abría puntos de fuga permanentes en esa curvatura del campo semiótico realizado desde el poder.

Gracias a este desgaste emerge el núcleo más importante de disputa en la revolución molecular y es el sentido de la normalidad del orden del mundo. La normalidad tiene una estructura ontológica porque es en la normalidad en la cual se despliega la vida de todos y cada uno. Pero es esa normalidad la que la revolución molecular le disputa al poder y gracias a esa disputa pudo derrotarlo.

El gobierno de Noboa se propuso recuperar la normalidad, porque solo desde ella podía operar la dominación política y la explotación económica. Los jóvenes que ondean las banderas de la manga japonesa One Piece, conjuntamente con las wiphalas (la bandera del arcoíris que es representativa del movimiento indígena), no solo se tomaron las calles, las carreteras, las plazas, sino que impidieron restaurar la normalidad del orden del mundo y, gracias a ello, crearon el espacio político para disputar el relato del orden del mundo durante la campaña por el NO a las preguntas de consulta y referéndum planteadas por Noboa.

Noboa necesitaba de forma desesperada recuperar la normalidad del mundo durante el paro indígena, porque es desde esa noción de que todo es normal y no pasa nada que puede imponer los contenidos de su proyecto político y económico. Solamente desde una falsa normalidad la banalidad y frivolidad del mundo tenían consistencia y generaban efectos de adhesión y captura semiótica.

La normalidad del mundo era la condición indispensable para lograr la curvatura del campo semiótico y consolidar su capacidad hegemónica. Sin la normalidad del mundo era imposible generarlos. Sin embargo, esta revolución molecular disputaba la normalidad, impedía su retorno, diluía sus posibilidades y dejaba sin opciones a la semiótica del poder.

Como fue una revolución molecular, su locus fue ambiguo, ubicuo y múltiple. Había creado un centro de referencia concreto, que actuaba como un ancla simbólica, y era la negación al orden del mundo que se condensaba en la apelación a decir NO a Noboa; es decir, transformar la consulta y referéndum en un plebiscito, lo que efectivamente sucedió.

Para eso había que disputar el sentido de la normalidad del orden del mundo y demostrar que solo se trataba de un simulacro. Pero, para hacerlo, era necesario salir de la curvatura del campo semiótico, y esto significaba, salir del clivaje correísmo-anticorreismo. Y la revolución molecular pudo hacerlo. Generó la disputa semiótica y le impidió al poder la capacidad de restaurar la normalidad del mundo, un requisito indispensable para el poder porque, sobre esa normalidad, instaura las formas simbólicas y reales de la dominación política y la explotación de clase como si fuesen parte del orden natural del mundo.

Sin esa normalidad del mundo, ¿cómo el gobierno de Noboa pretendía imponer las coordenadas para el debate político de tal forma que le posibiliten ganar el referéndum y consulta popular? Sin esa normalidad del mundo, era virtualmente imposible que el gobierno pueda dominar el campo semiótico, es decir la narración del orden del mundo, para decir que todo está́ bien y que todo irá mejor a futuro si los electores vuelven a confiar en él y votan por él.

La importancia estratégica de esta disputa por la normalidad del mundo se apreció en las elecciones de noviembre de 2025. En virtud de que el gobierno no tuvo posibilidades de imponer su relato porque no tenía la estructura ontológica para hacerlo, es decir, la normalidad del mundo, no pudo realizar la captura semiótica y mantener la curvatura del campo semiótico, así, se le desbarató, por ejemplo, el clivaje correísmo-anticorreísmo.

Entonces, si la revolución molecular ha optado por disputar el sentido de la normalidad del mundo, entonces, ¿Qué es lo normal? Lo normal, para el poder, es un campo narrativo que daría cuenta del orden del mundo como estructura ontológica trascendente y que solamente puede ser cambiada desde el poder. Nadie más puede hacerlo.

Así, el poder adquiere una dimensión teleológica, es decir, tiene de por sí ya un propósito. Como tiene un télos, entonces el relato como campo semiótico se inscribe desde ese propósito como necesidad del mundo. Por eso, Noboa le dijo al elector que vote por su consulta y por su proyecto de nueva Constitución, aunque no se haya discutido ningún detalle, ningún concepto, ninguna idea sobre cómo y de qué forma podría definirse la nueva Constitución, pero Noboa insistió en que hay que seguir en la estela trazada desde el gobierno, una estela que se traza y se marca, en realidad, en el campo semiótico de la lucha de clases.

Sin embargo, el hecho de que no haya existido la más mínima discusión teórica sobre la Constitución, revela la consistencia semiótica de la dominación y su télos. La Constitución se convierte en narración y la narración en un meme. El meme circula y genera efectos de sentido con anclajes simbólicos: hay que cambiar la Constitución se dijo, sin embargo ¿por qué? Porque sí, porque así lo dice el meme, porque así lo determina el télos del poder.

El gobierno de Noboa impuso una dominación política semiótica porque sabía que había logrado una curvatura en ese campo semiótico gracias a que lo había confinado, lo había controlado y había logrado una captura epistémica de ese campo de sentidos y significados y, de esta forma, había sido muy útil el clivaje correismo-anticorreismo.

Fue así como ganó las elecciones. Sin discurso. Sin plataforma política. Sin propuestas de ningún tipo. Saturó el campo de la semiótica a través de la proliferación de memes y de presencia en las redes con publicaciones banales, mediocres, frívolas, intrascendentes.

Si Noboa iba al gimnasio, eso se convertía en meme o en acontecimiento semiótico que se transformaba en reel, en hashtag, en Tik Tok y lograba la captura semiótica, la adhesión simbólica. Si su pequeño hijo mostraba un gesto, ese gesto se transformaba en Tik Tok que se viralizaba y que consolidaba la presencia y la dominación de Noboa sobre el campo semiótico. Noboa se convirtió en marca mientras que todo su entorno se convertía en influencers para adherir semióticamente a la marca Noboa.

Lo mismo con su esposa, que es el epítome de la frivolidad y el grado cero de toda inteligencia. Se construyó alrededor de ella todo el imaginario de uno de los núcleos más potentes del mundo burgués: aquel de Cinderella. Pura frivolidad convertida en summun del discurso y la praxis política del poder; pero funcionó como un aditivo semiótico potente para consolidar la marca Noboa.

Todos sus ministros, sus operadores políticos, sus discursos, estaban hechos para reforzar la marca Noboa. Por eso no había ningún contenido en ninguno de ellos. La marca Noboa creaba una curvatura del campo semiótico sobre el vacío epistémico del orden del mundo. La banalidad creaba el espacio para que los precarios del mundo confundan su situación y aspiren al mundo del poder, porque era eso exactamente lo que consumían cotidianamente en las redes sociales.

En ningún discurso político del presidente Noboa, había ninguna verdad sobre el mundo. Ninguna rigurosidad, ningún concepto. Es el presidente de la república más banal de todos aquellos que han ganado la presidencia durante todo el periodo republicano y no se trata de ninguna metáfora. Pero es el que más apoyo electoral tuvo, especialmente, desde los más pobres y los más jóvenes. Y todo por la curvatura del campo semiótico y los procesos de captura semiótica y adhesión simbólica de la marca Noboa que actuaba como atractor aspiracional. Sin TikTok, probablemente Noboa jamás habría ganado las elecciones.

Si no había ningún contenido en Noboa, entonces, ¿qué había? Banalidad. Frivolidad. Intrascendencia. Es decir, la marca Noboa. Y justo porque había banalidad, ganaba las elecciones. Esa banalidad era la que permitía el enganche con millones de electores, porque se trataban de electores que tenían el hábito continuo de engancharse en las redes sociales para pasar horas revisando publicaciones de gatitos, perritos, situaciones graciosas, en fin.

Las redes sociales se convirtieron en el espejo ominoso del mundo que negó la realidad a millones de personas, por un simulacro de situaciones que les obligaban, a esas personas, a mirar para otro lado para no ver su propia precariedad y pobreza.

La banalidad, la frivolidad, el vacío epistémico, son los atractores simbólicos que producen el anclaje semiótico para provocar una adhesión semiótica, es decir, la curvatura del campo del significante. Así, el Tik Tok de Noboa en el gimnasio, o Noboa abrazando a uno de sus pequeños hijos, entre otros actos banales y frívolos, devienen virales. Se comparten. Logran presencia en el ubicuo mundo de las redes sociales.

Pero el paro indígena le obligó a salir de la marca. Le obligó a politizarse sobre la marcha. Y es ahí, en ese proceso de politización forzada que se evidencia el vacío que representa la marca Noboa. Se abrió un flanco en la dominación política por el que pudo filtrarse luego la batalla semiótica por el significante de una multiplicidad de actores durante la campaña de la consulta popular.

Noboa está incapacitado para producir un discurso político. Nunca lo ha hecho. En tanto marca lo que necesita es adhesión semiótica. Las marcas solamente son posibles en un entorno de vacío epistémico. Por eso, cuando Noboa habla en términos políticos, pierde votos. Porque sale de su zona de confort, porque el vacío epistémico deja de ser una categoría para convertirse en una evidencia.

Por eso, Noboa necesitaba restaurar la normalidad del mundo para volver a confinar el campo semiótico y no exponerse políticamente. Noboa nunca quiso discutir en absoluto los contenidos de la nueva Constituyente. Nunca estuvo preparado para eso y tampoco le interesaba hacerlo. Sin embargo, el vacío epistémico de la marca Noboa solo podía funcionar plenamente en condiciones de normalidad del mundo y eso fue lo que le arrebató el paro indígena, por eso es tan importante ese paro y por eso se produjo la derrota política de Noboa.

Al no poder restaurar la normalidad para imponer ahí su narración del orden del mundo porque los indígenas no se lo permitieron, Noboa ya no tuvo posibilidades para lograr la curvatura en el campo semiótico para evitar que otros significantes se conviertan en vectores que escapen de esa curvatura y terminó exponiéndose y, de esta forma, demostró que la marca Noboa era vacío puro. Banalidad pura.

Gracias a eso, la revolución molecular del NO, generó otros significantes, otros vectores de interpretación que escapaban de la curvatura de campo y que le dejaron a Noboa sin posibilidades de confinar ese campo. Cuando Noboa intentó llenar ese campo semiótico con nuevos contenidos epistémicos, algo para lo cual, no tiene ninguna capacidad, ya estaba derrotado.

La generación de un campo de significados bajo una captura epistemológica que impedía cualquier tipo de racionalización política y que conducía todo hacia la frivolidad y banalidad y que se sustentaba en el vacío epistémico quizá siempre fue una forma de gobernar, pero necesitaba de un personaje que lo represente. Noboa es la representación más acabada de la frivolidad, de la banalidad y del vacío epistémico. La revolución molecular lo mostró y demostró en sus limitaciones y, por eso, pudo derrotarlo.

En realidad, Noboa siempre fue un meme de sí mismo. Fue un momento fugaz que pudo alcanzar posiciones políticas importantes por el agotamiento del sistema político y por la incapacidad de generar alternativas que le permitan salir a la sociedad de la trampa entre correísmo y anticorreísmo que fue el clivaje más importante de esto que hemos denominado como curvatura del campo del significante.

En Ecuador, de esta manera, se ha producido un fenómeno político importante porque puede ser la salida al fascismo como nuevo orden del mundo. En efecto, en muchas sociedades, el agotamiento del neoliberalismo y la precarización del mundo, han abierto las puertas al fascismo como única respuesta y alternativa. En Ecuador, la movilización social generada desde la campaña por el NO a las preguntas de consulta y referéndum planteadas por Noboa, abre la posibilidad a luchar contra el fascismo y crea un cordón sanitario sobre él.

Si las hipótesis planteadas son válidas, entonces lo más probable es que la revolución molecular que nació desde el paro indígena, sea un proceso de largo plazo y que no se detenga solamente con la derrota política a Noboa en la consulta popular de noviembre de 2025, sino que continúe más allá de eso.

Es una revolución semiótica y epistémica porque disuelve los significantes del poder, porque se burla del poder, porque ayuda a generar nuevos significantes, y porque exige una nueva forma de reflexión, análisis y fundamentos para comprender al mundo.

Mientras el poder apunta a la banalidad del mundo, la revolución molecular que se está generando en Ecuador, ayuda a entender cómo restaurar la unidad del mundo y cómo hacer de todos y cada uno actores trascendentes en ese mundo. Esta revolución molecular disolvió la dominación semiótica y demostró que la marca Noboa solamente era un meme, un simulacro del poder, al tiempo que abrió el espacio histórico y social para otro mundo posible.

 

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