Artículos Raíces y Resistencia

ICCI

Kapak Raymi: La resistencia que florece

Katik Macas

En esta ocasión me permito escribir desde la memoria viva del pueblo Saraguro, desde una palabra que no es solo mía, sino heredada. En nuestra historia, resistir nunca ha sido quedarse quietos: resistir ha sido caminar, danzar, sembrar, nombrar el mundo en nuestra propia lengua y celebrar cuando nos dijeron que olvidáramos. Por eso, cada vez que llega el Kapak Raymi, no asistimos solo a una fiesta: ejercemos un acto político profundo que no deja morir la identidad.

El 21 de diciembre, cuando el solsticio de verano marca el nacimiento del sol en el hemisferio sur, la cosmovisión andina nos recuerda que todo vuelve a empezar. El Kapak Raymi es tiempo de renovación. Se renuevan las energías, se reordenan las fuerzas de la vida y también se transforman las responsabilidades dentro de la comunidad. No es casual que este sea el tiempo de los cambios de mando, de la renovación de autoridades, del relevo generacional. Aquí, el poder no se acumula: se cuida, se comparte y se entrega.

Para nosotros y nosotras, celebrar el Kapak Raymi es afirmar que la política no habita solo en los palacios ni en los discursos oficiales. La política vive en el cuerpo que danza, en la música que convoca, en el ritual que conecta a la comunidad con la Pachamama, con el Taita Inti, con los ancestros. Vive en el gesto de enseñar a los niños y niñas que su identidad no es vergüenza, sino raíz; que su nombre, su vestimenta, su lengua y su forma de entender el mundo son parte de una sabiduría antigua que sigue vigente.

El Kapak Raymi es una de las cuatro fiestas mayores del calendario andino, y en el pueblo Saraguro se vive como una afirmación colectiva de existencia. Honra la sabiduría (kapak), la fuerza vital, la transición hacia nuevas etapas de la vida. Para los jóvenes, es el umbral hacia la adultez; para la comunidad, es el recordatorio de que crecer no significa romper con el pasado, sino cargarlo con dignidad y responsabilidad.

Cada ritual, cada acto simbólico, cada encuentro comunitario es también una respuesta histórica a los intentos de borrarnos. Celebrar nuestros ritos no es folklore vacío: es memoria en movimiento, es cultura viva. Es decirle al mundo que los pueblos y nacionalidades no somos vestigio del pasado, sino presente activo y futuro en construcción. Año tras año, al renovar nuestras energías, renovamos también nuestro compromiso con la vida, con la justicia, con la continuidad de nuestros pueblos.

Resistimos porque celebramos. Resistimos porque transmitimos de generación en generación una forma de estar en el mundo que no separa al ser humano de la naturaleza, ni al individuo de la comunidad. Resistimos porque el Kapak Raymi nos recuerda que mientras el sol vuelva a nacer, mientras la comunidad se reúna y la memoria se pronuncie en voz alta, la identidad Saraguro no morirá.

Así, la fiesta mayor no es solo alegría: es lucha, es decisión, es futuro. Y en cada diciembre, cuando el sol renace, también renace nuestra fuerza colectiva para seguir siendo.Principio del formulario

 

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