Bienvenidos al "Instituto de Ciencias y Culturas Indígenas"
Katik Macas
Ecuador atraviesa un momento álgido de tensión entre el gobierno, las organizaciones sociales y las ONGs. Este conflicto no solo se manifiesta entre los actores involucrados, sus vocerías y propuestas, también se siente en las críticas de quienes se mantienen como espectadores al margen de los espacios de toma de decisiones y desde la opinión pública.
Hoy, presento un breve bosquejo sobre lo que implica estar en los espacios de toma de decisión, especialmente en el ámbito organizativo, en particular desde la CONAIE; no cualquier persona puede acceder a esas instancias y no porque sean espacios de exclusión hacia sus miembros de nuestros pueblos, al contrario, son espacios de legitimación, es la voz de quienes han trabajado y luchado por sus comunas, comunidades la que debe prevalecer. Además, es importante contraponer esta realidad ante la idea errónea de que es fácil “opinar” desde cualquier punto, sin un análisis profundo, sin ser parte de esta estructura y, sobre todo, sin respeto por los procesos orgánicos.
Desde las primeras reformas agrarias en el país, los territorios rurales comenzaron a ser reclamados por quienes las trabajan, marcando el ocaso del sistema de haciendas. Este proceso fue el germen de la articulación entre sujetos que buscan la liberación, dando origen a organizaciones como la Federación Ecuatoriana de Indios (FEI) en 1944.
Desde los inicios de los procesos de lucha y resistencia, el relato ha sido claro: pretenden dividirnos para que olvidemos quiénes somos. Como dijo mama Dolores: “somos como los granos de quinua; si estamos solos, el viento nos lleva lejos. Pero si estamos unidos en un costal, nada hace el viento. Bamboleará, pero no nos hará caer.” Este llamado a la unidad en la diversidad es lo que nos faculta para afirmar: ¡aquí estamos y aquí estaremos!
La historia de la CONAIE, como organización legalmente constituida, se remonta a los años 80, cuando se aglutinaron varias organizaciones, pueblos y nacionalidades en un solo sueño y muchas necesidades. Sin embargo, previamente, las comunas, comunidades kichwa ya estaban organizadas en la Ecuarunari desde 1972. Todo surge desde las primeras necesidades, una vida digna, recuperar el territorio y la liberación de la explotación sufrida en el sistema de haciendas, buscando una transformación social.
Desde hace siglos, sabemos que la organización es un pilar fundamental para la vida. Hablar de resistencia no se queda en frases vacías; se transforma en acciones concretas, siempre de pie, defendiendo lo que realmente importa: el territorio, la vida, los derechos, la dignidad. La resistencia no implica vivir con resentimiento, como algunos quieren interpretar, sino perseverar en el objetivo trazado: construir una sociedad justa y equitativa, sin olvidarnos de nuestras raíces, principios, valores y cosmovisión.
Actualmente, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador -CONAIE es la organización indígena más grande de Ecuador, aglutinando a 53 organizaciones que representan a 15 nacionalidades y 18 pueblos, abarcando más de 10,000 comunas, comunidades, recintos y asociaciones, organizadas a través de tres regionales: costa, sierra y amazonía (sitio web CONAIE). Cada territorio tiene planteamientos y necesidades concretas, pero todos compartimos un objetivo común que consolida nuestra articulación nacional.
La CONAIE es una organización nacional que mantiene relaciones cercanas con diversos sectores populares. Es quien defiende los 21 derechos colectivos y, como pueblos originarios, ejerce el poder comunitario para gobernar los territorios. Mediante la autodeterminación y la legislación comunitaria busca democratizar las relaciones con el Estado, promueve un modelo inclusivo, respetuoso y justo que valore la cosmovisión y organización de las comunas, comunidades, pueblos y nacionalidades.
Este acto fue el resultado de la lucha de comunidades, federaciones y confederaciones indígenas por defender sus derechos, preservar su identidad y territorios, y promover la autodeterminación. Desde entonces, la CONAIE ha sido un referente clave en el país, a nivel continental y el mundo en la lucha por la justicia social y los derechos colectivos de los pueblos indígenas.
Tiene algunos objetivos principales que permite el sostenimiento y la vitalidad. La unidad en la diversidad, misma que fortalece la identidad de los pueblos y nacionalidades. Participación y equidad, enfocado en promover la inclusión de mujeres y jóvenes en los espacios de toma de decisión. Defensa territorial y ambiental, orientado hacia la protección de los territorios ancestrales y recursos naturales. Educación intercultural bilingüe, para impulsar un sistema educativo que respete la cosmovisión. Autodeterminación, con el fin de reafirmar el derecho a la organización social y el gobierno autónomo. Sociedad intercultural, misma que fomenta el diálogo y la justicia social. Democracia comunitaria, que construye procesos que redistribuyan el poder y los recursos de manera equitativa. Y, la articulación internacional, que permite tejer alianzas con los pueblos y nacionalidades del continente Abya Yala.
Es crucial entender que la fuerza de esta organización ha estado presente durante años, defendiendo mucho más que un territorio; defiende los derechos y la vida digna de todo un pueblo, siempre con la mirada puesta en el bien común y desde los principios propios de nuestros pueblos y nacionalidades. Esta fortaleza radica en la solidez del tejido organizativo que nace desde las comunas y comunidades, así como en sus distintos niveles de gobierno comunitario donde se toman las decisiones. Este proceso comienza desde abajo y asciende a través de los niveles de representación: comuna o comunidad, OSG, pueblo o provincia, regional y nacional. Se fundamenta en el principio de «mandar obedeciendo», donde la legitimidad se sostiene en todos los niveles de gobierno comunitario, desde abajo y/o viceversa. Hay que tener en cuenta que las decisiones se toman en espacios asamblearios, donde se escucha la diversidad de criterios, los disensos, y las propuestas de las y los presentes, hasta alcanzar una decisión por el consenso o por mayoría dentro de la modalidad de la democracia comunitaria. Así, poniendo como prioridad sostener la unidad y garantizar que cada miembro contribuya al bienestar colectivo.
Aquellos que están al frente de esta organización han llegado a esos espacios desde sus bases, demostrando su liderazgo y honestidad. No toman decisiones arbitrarias, porque estas provienen de las comunas y comunidades. Si se decide participar o no en campañas, elegir candidatos, convocar paros, marchas o levantamientos, todo surge de una decisión colectiva previo a procesos asamblearios según nivel de gobierno comunitario, y de las mayorías tras intensos debates.
Personalmente, no he llegado a esas instancias de poder comunitario, pero puedo imaginar lo duro y pesado que es alcanzar un consenso entre las diversidades o una mayoría en medio de tantas ideas y tantas personas. Algunos quieren ir al paro, otros prefieren esperar, y muchos permanecen indecisos, y miles a la expectativa, mirando desde afuera y criticando estos procesos. Preguntan: ¿por qué no convocan al paro? ¿por qué no para el paro? ¿por qué paró el paro? Sin comprender en lo mínimo lo complejo que es la toma de una decisión.
Todas esas apreciaciones de especulación, estigmatización, cuestionamiento, y otros se realizan al margen de los espacios de decisión, porque las tensiones que existen en la estructura orgánica se resuelven en las instancias correspondientes. Especular y juzgar desde lo externo es fácil cuando quienes están al frente deben asumir una gran responsabilidad. No hay respuestas sencillas sobre, si debemos salir al paro o no, ni sobre qué podemos ganar o perder. Debe existir un análisis profundo entre participantes de espacios asamblearios, para la toma de una decisión de manera comprometida. ¿Qué hacer con las vidas, los heridos y los presos? Claro que no todos piensan en ellos, y es más fácil acusar y simplemente decir: “es que es de derecha” o “se vendió y por eso se levantó el paro”. Personalmente, siento que como sociedad no podíamos cargar con más muertos, más huérfanos y más dolor.
En ese sentido, este aporte invita a quienes somos miembros de un pueblo o nacionalidad a dejar de especular, estigmatizar y criticar de manera infundada desde fuera. En lugar de eso, debemos involucrarnos en los espacios de toma de decisiones, debatir e incidir en las resoluciones. Para aquellos que no tienen ni idea de la estructura organizativa, es momento de dejar de hacer el papel de terroristas digitales y opinadores libre pensadores.
De igual manera, es un recordatorio para las autoridades comunitarias de todos los niveles de gobierno; comunas, comunidades, OSG, pueblos, provinciales, regionales y nacionales: no olvidemos el principio de «mandar obedeciendo», siempre mirar hacia atrás y adelante, el ñawpa, nuestra cosmovisión cíclica del tiempo y espacio. Hay que regresar a las bases, escuchar hasta el último miembro de la comuna, comunidad sobre las necesidades y observaciones a partir de la realidad. En ese mismo sentido, debemos involucrarnos también desde las bases en todos los espacios asamblearios, visitas a los territorios y viceversa, sobre todo, recordemos la frase de nuestra mama Transito: “Yo he viajado, he caminado por todos los lugares, pero jamás he negociado con la sangre de mis hermanos”. No permitamos que nos compren la conciencia y no olvidemos a aquellos que, creyendo en la lucha del pueblo, levantaron su voz, se enfrentaron a la muerte y muchos no regresaron. No olvidemos a los niños y niñas, tengan presente que quienes están en los espacios de los niveles de gobierno comunitario son el referente para la juventud; su accionar influye en la participación o desinterés de muchas personas en las organizaciones. No nos defrauden, no nos olviden, nosotros también estamos vigilantes y contribuyendo a la lucha desde nuestros espacios.
La organización es nuestra fortaleza. En este tejido organizativo, cada hilo cuenta y cada voz importa. No permitamos que nos dividan; mantengámonos unidos y participemos activamente en nuestras asambleas de las comunas, comunidades, organizaciones provinciales, regionales y nacionales, defendiendo nuestra identidad, nuestro territorio y nuestros derechos. La lucha continúa, y en unidad, seremos invencibles. Es fundamental que cada miembro se involucre en los espacios de toma de decisión para fortalecer nuestras organizaciones y garantizar un futuro digno, aportando desde su experiencia y conocimiento, evitando especular y generar división desde las redes.