Artículos Raíces y Resistencia

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Reescribiendo la Historia: Una Perspectiva desde el Abya Yala

Katik Macas

La historia, en los sistemas educativos convencionales, tiene una narrativa lineal que privilegia una visión eurocéntrica, verticalizada, es decir, aquella que se centra en la experiencia y los logros de Europa como el eje del desarrollo humano, viendo como inferiores al resto, desde arriba y hacia abajo. Esta perspectiva no solo minimiza las contribuciones de otras culturas, sino que también distorsiona la comprensión de la historia en su totalidad.

El resultado ha sido una memoria fragmentada: una historia que exalta a conquistadores y héroes criollos, pero silencia las luchas de resistencia que hemos sostenido los pueblos y nacionalidades, los runa, que ahora nos llaman indígenas, por más de cinco siglos. Esta omisión no es un accidente, sino una estrategia estructural de dominación simbólica. Reescribir la historia desde el Abya Yala implica desmontar esos relatos hegemónicos para restituir la memoria colectiva y diversa, pero con un propósito claro de una vida digna, una historia digna.

En contraste, los pueblos del Abya Yala tenemos una visión cíclica y relacional del tiempo, el ñawpa, este concepto es donde el pasado, el presente y el futuro se entrelazan en un tejido continuo de memoria y vida. Como pueblos y nacionalidades, entendemos que el tiempo no es una línea recta que avanza inexorablemente hacia el futuro, dejando el pasado atrás.

En nuestra cosmovisión, prevalece y se sostiene desde el ñawpa, el pasado está presente, y también está adelante; nuestros ancestros, taytas y mamas, no están atrás, sino adelante viviendo el presente, guiándonos en nuestro camino. Esta conexión con nuestros antepasados es fundamental para entender nuestra identidad y nuestro lugar en el mundo. La historia no se olvida, se revive y se reinterpreta constantemente, lo que nos permite aprender de nuestros errores y celebrar nuestros logros. Es decir, los errores, que yo identifico como aprendizajes, no quedan atrás en el olvido, están adelante, a cada paso, para evitar nuevas equivocaciones.

Uno de los ejemplos más evidentes de la distorsión histórica es la narrativa del 12 de octubre de 1492. La versión eurocéntrica lo celebra como el “descubrimiento de América”, borrando el hecho de que millones de personas habitaban ya estas tierras, con culturas, lenguas, cosmovisiones y sistemas de conocimiento complejos. No se trató de un descubrimiento, sino de una invasión que desencadenó un proceso de colonización, despojo y violencia.

Durante más de cinco milenios, los pueblos del Abya Yala desarrollaron avances en astronomía, agricultura, medicina y arquitectura, muchos de los cuales siguen vigentes hoy. Sin embargo, la historia oficial ha reducido este legado a simples antecedentes del “encuentro de dos mundos”, perpetuando una narrativa que legitima la superioridad colonial. Releer el 12 de octubre desde una perspectiva decolonial es un acto de justicia histórica: significa reconocer que la resistencia comenzó el mismo día de la invasión y continúa hasta el presente.

En el Ecuador, la ciencia de la historia presenta muchos temas y espacios aún no trabajados. La historia como creación ecuatoriana, entendida como ciencia histórica del país, ha comenzado a ser abordada de manera más sistemática desde la década de 1970, con lo que se conoció como la corriente de la nueva historia. Esta corriente se centró principalmente en el Estado y la historia política, aunque en tiempos recientes ha comenzado a explorar la historia de los movimientos sociales y la historia cultural. Sin embargo, se ha dedicado muy poco a la historia de las organizaciones sociales, y aunque se ha trabajado algo en el movimiento sindical, el movimiento indígena ha sido estudiado más por sus propias organizaciones que por el campo académico. Este movimiento ha generado publicaciones significativas sobre su proceso, pero es evidente que aún queda mucho por hacer.

Esta situación revela un desafío: la necesidad de construir una historia colectiva y participativa, en la que el conocimiento académico dialogue con la memoria viva de los pueblos. No se trata solo de que los historiadores “incluyan” las voces indígenas, sino de que la historia se escriba desde estas voces, con nuestro propio lenguaje, símbolos y formas de pensamiento. Desde esta perspectiva, es importante reconocer el esfuerzo que instituciones y organizaciones están haciendo para llevar nuevamente al debate la historia, buscando un espacio donde todas las voces sean escuchadas y valoradas.

A lo largo de 5533 años, hemos acumulado un vasto acervo de historias que aún esperan ser contadas. Estas narrativas no solo son vitales para nuestra identidad, sino que también ofrecen una visión alternativa de la humanidad, frente a la crisis ambiental, social y espiritual del mundo contemporáneo.

La historia que nos contaron fue escrita desde afuera, con pluma ajena y mirada impuesta. Hoy, los pueblos del Abya Yala reclamamos nuestro derecho a escribirla con nuestras propias palabras, desde nuestros territorios, montañas, ríos y lenguas. Desde las y los kichwa, el runa, ser humano equilibrado, armónico. Reivindicar la memoria no es volver al pasado: es caminar hacia el futuro guiados por él.

La educación debe ser un espacio donde se reconozcan y se valoren las múltiples perspectivas que componen la historia de la humanidad. Solo así podremos construir un futuro más justo y equitativo, donde cada cultura tenga su lugar y su voz en la narrativa global.

Como pueblos tenemos la responsabilidad de reivindicar nuestra historia y compartirla con las futuras generaciones. La historia no es solo un relato del pasado; es una herramienta de empoderamiento que nos permite entender quiénes somos y hacia dónde queremos ir. Al criticar la historia eurocéntrica y promover una visión más inclusiva y diversa, no solo honramos a nuestros ancestros, sobre todo, recuperamos nuestra propia voz, hablamos, escribimos y contamos desde nuestra realidad, desde nuestra historia y nuestras raíces, forjamos un camino hacia la reconciliación y la justicia social en el Abya Yala.

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