Bienvenidos al "Instituto de Ciencias y Culturas Indígenas"
Equipo Editorial ICCI
Del 28 de mayo al 11 de junio de 1990 una fuerza telúrica emergió desde las entrañas insondables de la tierra y la historia, un inesperado protagonista político y social se manifestó en un levantamiento. Las Nacionalidades y Pueblos recién constituidos y organizados en la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE (1986) enarbolaban la bandera de comunidades excluidas, invisibilizadas y empobrecidas, que se habían levantado para exigir derechos y para recordarle a un país que existen otras formas de vida, de organización y de pensamiento que eran posibles. Se había ejecutado la movilización más trascendente del siglo XX en el Ecuador.
El Histórico Levantamiento de 1990 no fue un hecho aislado, fue la consecuencia de 498 años de resistencia y organización comunitaria. Se constituyó en el punto de partida de un proceso de reconfiguración política, social y cultural que no ha concluido en el Ecuador. Desde entonces, las palabras y los conceptos de Plurinacionalidad e Interculturalidad no son ajenos y dejaron de ser una aspiración, y pasaron a caracterizar al Estado ecuatoriano aceptando el reconocimiento de las Nacionalidades y Pueblos como sujetos políticos, con proyecto político propio, con autonomía y voz propia, y sobre todo con dignidad.
Esta edición de nuestro boletín ICCI-ARY RIMAY se inscribe en esta memoria activa. No como una nostalgia paralizante, sino como una celebración rebelde de esperanza. Porque el legado del Histórico Levantamiento de 1990 no está únicamente en los bloqueos de carreteras o en la toma simbólica de las instituciones del poder político, sino en el impulso vital que empujó a miles de mujeres, hombres, jóvenes, ancianos a sostener frases universales de inclusión como: “¡Nunca más sin nosotros!” o “Nada solo para los indios”.
Hace 35 años fuimos parte del hito histórico del levantamiento las Nacionalidades y Pueblos, y hoy seguimos enfrentando al capital, la colonia y el imperialismo en sus múltiples formas de explotación, exclusión, racismo estructural, despojo y desposesión territorial, extractivismo y extinción. Seguimos también construyendo procesos comunitarios, pedagógicos, artísticos y espirituales para sembrar y estimular la vida. Este boletín es parte de ese camino. Con cada palabra escrita, cada imagen compartida, cada voz recuperada, tejemos la lucha de la nueva esperanza.
La conmemoración del Histórico Levantamiento de 1990 no es un acto vacío, es una semilla, es un compromiso y un llamado a la acción colectiva, necesaria y urgente.
“La lucha no termina con la firma de un papel.
La lucha termina cundo la justicia llega a todos
los rincones del mundo indígena.”
Discurso de Rigoberta Menchú en la ONU,1992
(fuente: archivo de discursos públicos de la ONU)
El Instituto de Ciencias y Culturas Indígenas (ICCI-ARY) considera que al haber transcurrido 35 años del Histórico Levantamiento de 1990 es la oportunidad para conmemorar, celebrar y generar un espacio de reflexión, diálogo y participación de las Nacionalidades y Pueblos, y la ciudadanía en torno a la trascendencia histórica y la relevancia política de este acontecimiento frente a las actuales circunstancias sociales del país.
Por esta razón organizamos el Conversatorio “35 años del Histórico Levantamiento de 1990” en el que participaron destacados líderes y lideresas sociales como: Blanquita Chancosa, José María Cabascango, Diego Cano Molestina y Xavier Guachamin, cada quien representando a uno o varios sectores sociales protagonista del levantamiento como son: el movimiento indígena, de mujeres, de campesinos, de trabajadores, organizaciones sociales, populares, barriales y comunidades eclesiales de base.
El Conversatorio se propuso celebrar nuestras resistencias y esperanzas, y ser un espacio fraterno para compartir sentires y pensares, mediante el diálogo, la reflexión y la valoración colectiva del Histórico Levantamiento de 1990, que marcó un hito relevante y trascendente, no solo, para los ecuatorianos y latinoamericanos sino para luchas continentales y mundiales de las diversas organizaciones, dirigencias, militancias y acciones sociales en las que confluimos y seguimos confluyendo por un país plurinacional y un mundo digno, intercultural y transformado a favor de sus mejores causas sociales y populares.
Luis Macas ex presidente de la CONAIE, protagonista colectivo fundamental del Histórico Levantamiento de 1990, ahora director del ICCI- ARY, consideró que los ejes esenciales de esas acciones son, y siguen siendo, la dignidad de los pueblos y las luchas por sus tierras y territorios, cuya vigencia “No ha terminado”; ya que los gobiernos actuales siguen negando sistemáticamente, a las Nacionalidades y Pueblos, el derecho al agua, y ya se habla de concesiones a las compañías mineras, mediante la apertura del catastro minero y la ampliación de la frontera petrolera. Otro eje que constituye la propuesta política de las Nacionalidades y Pueblos es, y sigue siendo, la construcción del Estado Plurinacional, cuya propuesta también está estancada, agregó. Sobre esta propuesta “No hemos tenido la voluntad de poder avanzar, no hemos dialogado, mientras las instituciones del Estado, desde la academia y el pueblo no se ha hecho nada”, a pesar de que las propuestas están escritas en la Constitución y los convenios internacionales. Recordemos que precisamente en 1990 se desarrolló en Quito el Encuentro Continental de los Pueblos Indígenas con la participación de 350 pueblos, organizaciones y naciones del continente que avanzaron en los derechos internacionales de los pueblos indígenas, que “están escritos y no hemos logrado implementar”.
Blanquita Chancosa protagonista del Histórico Levantamiento de 1990 y reconocida dirigenta del movimiento indígena afirmó que, al regresar a ver el camino recorrido, debemos plantearnos: “por dónde vamos a continuar y cómo avanzamos ahora”. Hace más de 500 años “no hubo conquista, no hubo encuentro, hubo invasión”, por eso planteamos “acabar con las haciendas, con las injusticias y la desigualdad”.
Hoy como ayer los pueblos del campo y la ciudad tenemos suficientes motivos para unirnos en defensa del agua que viene de los páramos, recuperar las tierras, que “han olvidado que son nuestras”, dedicadas hoy al agro negocio y el extractivismo minero, con todas sus consecuencias de escasez, envenenamiento y muerte. “No culminamos la recuperación de la tierra”, que para nosotros “es la vida y la base misma de nuestra existencia”, agregó Blanquita.
Necesitamos unir los saberes comunitarios, también los de nuestros jóvenes profesionales para defender la tierra y los territorios que deben ser autogestionados, autogobernados desde el fortalecimiento de nuestra libre determinación. Debemos debatir, evaluar, compartir y desarrollar nuestras propuestas de cómo aplicamos el Sumak Kawsay, cómo imaginamos el país que queremos para todos, construir nuestro proyecto político: el Estado Plurinacional, el fortalecimiento de la identidad y la interculturalidad, la educación bilingüe y la justicia indígena.
Diego Cano, ex dirigente de la desaparecida Federación de Trabajadores Petroleros del Ecuador (FETRAPEC), poderoso sindicato público que con otras organizaciones constituyeron la Coordinadora de Movimientos Sociales (CMS), reivindica la necesidad de aprender las lecciones de la historia que dejó el levantamiento de 1990, incluso después de 35 años, para pensar y repensar cómo actuar hoy desde el Bloque Popular para priorizar las luchas frente a las amenazas a la vida que constituyen la inseguridad, la violencia, el extractivismo y las recientes leyes gubernamentales apoyadas por un Pachakutik deformado, cuya participación merece ser debatida en espacios de encuentro.
José María Cabascango, ex dirigente indígena y campesino, protagonista también del Histórico Levantamiento de 1990, aseguró convencido de que “la resistencia no ha terminado” y señaló la necesidad urgente de nuevas alianzas sociales para “levantar con fuerza”, para enfrentar las nuevas amenazas que vienen de las leyes aprobadas por la Asamblea Nacional y el gobierno actual (Ley Orgánica de Solidaridad Nacional, Ley Orgánica de Inteligencia y Ley de Áreas Protegidas, entre otras).
Advirtió la necesidad de evaluar la participación de Pachakutik, que fue creada como una herramienta alternativa de resistencia y alianzas sociales y populares, complementaria a la lucha histórica del movimiento indígena. “Pachakutik no es un fin, es un medio”.
Xavier Guachamin, líder comunitario y dirigente social, que también intervino en el Histórico Levantamiento de 1990, aseveró que luego de 35 años de acción política del movimiento indígena su magia, “la ilusión que despertaba se ha ido perdiendo”. Frente a ello es necesario crear, dentro y fuera del movimiento indígena, muchos espacios de diálogo, opinión y debate, “para llegar a puntos de acuerdo y seguir trabajando en los desacuerdos”.
Necesitamos espacios y estrategias, llegar a los jóvenes, que son los nuevos actores reales, para que construyan sus procesos y su pensamiento. Es urgente recrear formas de lucha, espacios para acercar posiciones y establecer alternativas y consensos. A partir de los cuales enfrentar las serias amenazas que se ciernen sobre nuestros derechos, y el futuro.
Estiven Barzallo
«Mi padre estuvo 20 años en esta plaza, todos los miércoles, alzando una bandera y fue, ha sido y seguirá siendo enseñanza de lucha para muchos…» decía María Fernanda Restrepo en el último plantón de La Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en Ecuador (ASFADEC) y el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH) realizado frente al Palacio de Carondelet en la Plaza de la Independencia de Quito.[1] Y aunque en realidad fueron más de 20 años, el mensaje de María Fernanda fue claro para las personas que estuvimos allí ese día: la lucha por las y los desaparecidos en Ecuador está lejos de terminar. En nuestro país buscar a un familiar desaparecido sigue siendo una batalla contra el Estado, contra el silencio, contra el abandono. Hoy más que nunca, en medio de un Conflicto Armado Interno, nuestro contexto nos exige pensar en las victimas invisibles de esa guerra, esas niñas y niños que salen un día a jugar futbol y no regresan a casa, y en la historia detrás de quienes exigen justicia por aquellos que ya no tienen voz.
Las organizaciones de investigación Tierra de Nadie y Connectas publicaron el 10 de abril de 2025 una investigación reveladora titulada Los niños perdidos en la guerra interna de Ecuador donde exponen el incremento de las desapariciones de menores de edad desde la declaración de Conflicto Armado Interno por parte del Gobierno de Daniel Noboa.[2] De 2017 a 2024 la cifra de menores de edad desaparecidos en el Ecuador incrementó un 88% y algunos de los factores de ese incremento son el reclutamiento, el tráfico sexual y los abusos de poder de las fuerzas militares en los barrios marginales del país. Nuestras infancias deben sobrevivir día a día a los secuestros del narcotráfico, la trata de blancas y el perfilamiento racial de la fuerza pública, para no convertirse en una generación desaparecida. Los cuatro de Guayaquil, pese a ser el caso más conocido, no es el único de su tipo. La investigación señala que «los padres de otros cinco adolescentes reportan que perdieron a sus hijos en circunstancias similares en este último año».[3]
¿Qué sucede cuando un Estado no es capaz de garantizar la seguridad de las personas para evitar su desaparición o incluso es culpable directo de la desaparición forzada de las mismas? Surgen historias de organizaciones como ASFADEC, que lamentablemente cumplen un rol y trabajo que debería ser obligación del gobierno: buscar a toda la población desaparecida del Ecuador. Y mientras el Estado siga sin establecer debidos protocolos de investigación, búsqueda y justicia para las víctimas de desaparición y sus familiares, resaltar su lucha siempre será una forma de resistir el olvido.
Para conocer la historia de ASFADEC y su importancia en cambios significativos como la aprobación del Proyecto de Ley para la búsqueda y localización de personas desaparecidas,[4] debemos retroceder una década atrás, al año 2012. Carolina Garzón, una joven colombiana de 22 años que vivía en Quito desapareció en el sector de Paluco un día 28 de abril.[5] Walter Garzón, su padre, viajó desde Colombia a Ecuador para buscar pistas que le permitan encontrar a su hija y si bien, en nuestro país ya existían voces de lucha por las desapariciones como Luz Arismendi y Pedro Restrepo, que buscaban a sus hijos Santiago y Andrés, el estado seguía sin brindar una atención adecuada a la problemática.[6] Por lo que Walter Garzón unió esfuerzos con Telmo Pachecho, Isabel Cabrera, Luis Sigchos y Ángel Cevallos, entre otras personas más, quienes también buscaban a sus familiares, y así terminó formándose en 2012 La Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en Ecuador, que con el tiempo se convirtió en la principal organización de la sociedad civil, relativa al tema de desaparecidos en el país.[7]
Desde entonces ASFADEC organiza cada mes del año plantones frente al Palacio de Carondelet para exigir justicia, verdad y reparación por las personas desaparecidas y halladas sin vida en el Ecuador. Además, la organización jugó un papel importante junto Alexandra Córdova y la Fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos (INREDH), para la creación del Proyecto de Ley para la búsqueda y localización de personas desaparecidas que fue presentado ante la Asamblea Nacional el 16 de mayo de 2019 y que fue aprobado el 19 de diciembre de 2019. Ecuador se convirtió en el primer país de América Latina en tener un marco jurídico para la problemática de desapariciones,[8] sin embargo, dicha ley tuvo irregularidades y cambios desde el gobierno. Terminó siendo un documento con muy poco contenido útil y con graves carencias de fondo y contenido, pues apenas posee 9 páginas de reglamento.[9]
¿Qué implica una desaparición en Ecuador?
La Ley Orgánica de Actuación en Casos de Personas Desaparecidas y Extraviadas, en su artículo 4, define la desaparición como «la ausencia de una persona de su núcleo familiar o entorno, sin que se conozca el paradero o las causas que la motivaron».[10] Siguiendo lo establecido por dicha ley, las autoridades «están obligadas a realizar de forma oportuna las diligencias esenciales y necesarias para la investigación, búsqueda y localización de una persona desaparecida o extraviada»,[11] cumpliendo los parámetros de efectividad y exhaustividad, gratuidad, igualdad y no discriminación, inmediatez, no revictimización, presunción de vida y verdad. La ley al momento de delimitar todos estos parámetros tiene un desarrollo conceptual muy pobre (no incluye acciones específicas ni establece plazos), por lo que resulta más útil utilizar ahora las palabras de María Fernanda Restrepo para entender los distintos tipos de desaparición:
En Ecuador se han definido dos tipos de desaparición: La desaparición forzada (causada por agentes del Estado, en instituciones del Estado en complicidad u omisión de acciones del Estado) y la desaparición involuntaria, debido a múltiples causas hasta ahora no del todo definidas: delincuencia común, trata de personas, violencia sexual, entre otros agentes particulares. Pero en estas el Estado también es responsable, por no salvaguardar en primera instancia la seguridad de la ciudadanía, y luego por no establecer debidos protocolos de investigación, búsqueda y justicia para las víctimas y sus familiares.[12]
Además, de acuerdo con el artículo 80 de la Constitución del Ecuador las desapariciones forzadas son un delito que no prescribe,[13] es decir, que pueden ser investigadas y juzgadas en cualquier momento, sin importar cuántos años hayan pasado desde los hechos. El Código Orgánico Integral Penal (COIP) también subraya dicho artículo en su documento, reafirmando que las desapariciones forzadas son un delito imprescriptible en Ecuador.[14] A pesar de todo este marco legal, nuestro país continúa teniendo una deuda pendiente con las desapariciones. Entre 2014 y 2024 la Fiscalía registró 146 denuncias por desaparición forzada, de estas, 67 se encuentran en indagación previa y 78 han sido archivadas.[15] Nula respuestas, cambios constantes de fiscales investigadores y falta de profesionalidad son una constante en los casos.[16]
Para la búsqueda de una persona desaparecida las primeras 72 horas son fundamentales, «no es necesario esperar ni 24 horas para empezar con las investigaciones»[17] por lo que una denuncia por desaparición debe ser puesta lo más pronto posible y las autoridades pertinentes deben aceptar la denuncia sin interponer ningún tipo de obstáculo. Sin embargo, todavía existen muchas ocasiones en las que la Policía o Fiscalía deciden no receptar las denuncias dentro de las 24 horas.[18] Esto implica una grave violación a la ley y debe exigirse la atención y recepción adecuada de nuestra denuncia, pues su obligación como agentes públicos es investigar y resolver los casos. Por este tipo de negligencias se producen hechos como el de Leonor Ramírez, una mujer de la tercera edad desaparecida en Quito el 2011; cuando los familiares de Leonor se acercaron a denunciar su desaparición en la Policía, los agentes aceptaron la denuncia 31 días después, tiempo en el que se perdieron innumerables pruebas valiosas para encontrar a Leonor.[19]
En Conclusión, La lucha de ASFADEC y los familiares de personas desaparecidas en Ecuador es un recordatorio incómodo de que, en un país donde el Estado falla en garantizar justicia y verdad, la memoria se convierte en el último refugio de esperanza. Mientras las cifras de desapariciones aumentan —especialmente entre niños y adolescentes durante el Conflicto Armado Interno— y las instituciones continúan siendo negligentes, cada plantón en la Plaza de la Independencia, cada denuncia obstruida y cada ley incumplida revelan esa realidad cruda: el Ecuador no solo enfrenta una crisis de seguridad, sino una de humanidad. El silencio no puede ser la respuesta a quienes buscan a sus seres queridos, ni la indiferencia, el destino de quienes ya no están. La historia de ASFADEC, desde Carolina Garzón hasta los Cuatro de Guayaquil, demuestra que la resistencia de las víctimas y sus familias seguirá siendo elemental. Mientras haya una persona desaparecida nadie se cansará.
Bibliografía:
Asfadec- Desaparecidos Ecuador. «Stephany Carolina Garzón Ardila». Acceso el 15 de mayo de 2025. https://asfadec.org/stephany-carolina-garzon-ardila/
Calvopiña, Evelyn Gabriela, Ingrid García Minda, Valeria Larco Muñoz y Miguel Ángel Pérez. Edad dorada, edad olvidada. Paul Pullupaxi Guachi y Luis Ángel Saavedra Mendoza, equipo de investigación. Quito: INREDH, 2020.
Ecuador. Ley Orgánica de Actuación en Casos de Personas Desaparecidas y Extraviadas. Registro Oficial 130, Suplemento, 28 de enero de 2020.
Ecuador. Constitución de la República del Ecuador. Registro Oficial 449, 20 de octubre de 2008.
Ecuador. Código Orgánico Integral Penal. Registro Oficial 180, Suplemento, 10 de febrero de 2014.
INREDH. «Análisis y crítica del Reglamento General a la Ley Orgánica de Actuación en Casos de Personas Desaparecidas y Extraviadas». Acceso el 19 de mayo de 2025, http://bit.ly/3Fi4Sy6
Restrepo, María Fernanda. Prólogo a Una luz en el olvido, de Daniel Véjar Sánchez y Gabriela Flores Villacís, 5-7. Quito: INREDH, 2018.
Tierra de Nadie y Connectas. Desaparecidos: Los niños perdidos en la guerra interna de Ecuador [2025]. Periodista: Alina Manrique. Acompañamiento editorial: Equipo Connectas. Ilustración: Elizabeth Cueva. Desarrollo Web: Nicolás Palau. Visualización de datos: Andrés Snitcofsky. Acceso el 12 de mayo 2025, https://tierradenadie.ec/desaparecidos/
Véjar Sánchez, Daniel y Gabriela Flores Villacís. Una luz en el olvido. Pamela Chiriboga Arroyo, Alejandro Baño Salcedo, Mayra Caiza Criollo y Lina María Espinosa, equipo de investigación. Mónica Vera Puebla, editora. Quito: INREDH, 2018.
[1] El plantón fue convocado por ambas organizaciones el 9 de mayo de 2025 y tenía como objetivo exigir justicia por todas las desapariciones forzadas del país, en especial por Los Cuatro de Guayaquil (Ismael, Josué, Nehemías y Steven, cuatro menores de edad desaparecidos de forma forzada en manos de militares). Como voluntario de INREDH, ayudé a ASFADEC en la logística del traslado de todo el material y estuve durante el plantón haciendo la cobertura de los testimonios.
[2] Tierra de Nadie y Connectas. Desaparecidos: Los niños perdidos en la guerra interna de Ecuador [2025]. Periodista: Alina Manrique. Acompañamiento editorial: Equipo Connectas. Ilustración: Elizabeth Cueva. Desarrollo Web: Nicolás Palau. Visualización de datos: Andrés Snitcofsky. Acceso el 12 de mayo 2025, https://tierradenadie.ec/desaparecidos/
[3] Tierra de nadie y Connectas, Desaparecidos…
[4] Evelyn Calvopiña et al., Edad dorada, edad olvidada (Quito: INREDH, 2020), 36.
[5] «Stephany Carolina Garzón Ardila», Asfadec- Desaparecidos Ecuador, acceso el 15 de mayo de 2025, https://asfadec.org/stephany-carolina-garzon-ardila/
[6] Daniel Véjar Sánchez y Gabriela Flores Villacís, Una luz en el olvido (Quito: INREDH, 2018), 48.
[7] Daniel Véjar Sánchez y Gabriela Flores Villacís, Una luz…, 56-57.
[8] Evelyn Calvopiña et al., Edad dorada…, 36.
[9] «Análisis y crítica del Reglamento General a la Ley Orgánica de Actuación en Casos de Personas Desaparecidas y Extraviadas», INREDH, acceso el 19 de mayo de 2025, http://bit.ly/3Fi4Sy6
[10] Ecuador, Ley Orgánica de Actuación en Casos de Personas Desaparecidas y Extraviadas, Registro Oficial 130, Suplemento, 28 de enero de 2020, art. 4.
[11] Ley Orgánica de Actuación…, art. 3.
[12] María Fernanda Restrepo, prólogo a Una luz en el olvido, de Daniel Véjar Sánchez y Gabriela Flores Villacís (Quito: INREDH, 2018), 5.
[13] Ecuador, Constitución de la República del Ecuador, Registro Oficial 449, 20 de octubre de 2008, art. 80.
[14] Ecuador, Código Orgánico Integral Penal, Registro Oficial 180, Suplemento, 10 de febrero de 2014, 6.
[15] Tierra de Nadie y Connectas, Desaparecidos…
[16] Evelyn Calvopiña et al., Edad dorada…, 63-71.
[17] Evelyn Calvopiña et al., Edad dorada…, 65.
[18] Evelyn Calvopiña et al., Edad dorada…, 65.
[19] Evelyn Calvopiña et al., Edad dorada…, 81-86.
Floresmilo Simbaña
En términos generales, lo que conocemos del primer levantamiento indígena de junio de 1990 es que inicia el 28 de mayo con la toma de la iglesia de Santo Domingo en el centro histórico de Quito y las multitudinarias tomas de plazas, carreteras y, en algunos casos, ciudades de las regiones de la sierra y Amazonía ecuatoriana. En este trabajo no nos ocuparemos del levantamiento propiamente dicho, tampoco del contexto histórico, ni de sus causas socioculturales, políticas y económicas. Intentaremos un acercamiento personal, por intermediación de la memoria de Blanca Chancosa, una de las protagonistas y testigo directo de la primera acción del levantamiento: la toma de la iglesia. Para este abordaje echaremos mano de algunos de los instrumentos que nos brinda la microhistoria.
Carlo Ginzburg, en su emblemático trabajo “El queso y los gusanos”, como crítica a las visiones tradicionales de la historia, invoca la pregunta de un personaje del dramaturgo alemán Bertrolt Brecht, “¿Quién construyó Tebas de las siete puertas?”, advirtiéndonos al mismo tiempo que “Las fuentes nada nos dicen de aquellos albañiles anónimos” (Ginzburg, 1999, p. 9). Con esto indica que la historia habla de los reyes, emperadores o generales que ordenaron construir las obras monumentales, pero no de los albañiles de los pueblos que trabajaron en ellas, o de los soldados que combatieron y murieron en las guerras, y si queremos ver la participación de las mujeres en esos procesos históricos la dificultad es mucho más grave todavía. Precisamente la microhistoria, conjuntamente con otras corrientes historiográficas como la historia social, surge como rupturas con el tradicional interés de los historiadores por los grandes personajes o el Estado.
Ginzburg, al establecer los márgenes de la historia de Menocchino, el molinero rural muerto en la hoguera bajo condena del Santo Oficio y personaje central de su texto ya mencionado, plantea algunas de las dificultades para una “historia de las clases subalternas”: la primera se refiere a las fuentes, la segunda a los enfoques de la cultura, más específicamente a la cultura popular, y la tercera a la dimensión o valor que pueda tener el testimonio de un individuo tomado aisladamente.
En cuanto a la primera cuestión, el autor, al afirmar lo escaso de las fuentes, señala al mismo tiempo que esto es relativo, ya que una cosa son las fuentes oficiales, que poco dicen de las clases populares, pero invita a trabajar con otro tipo de fuentes escritas, como imágenes, memoria, en la que “eventualmente” la arqueología tiene un rol importante. Sin embargo, nos advierte que estas fuentes no son directas, ya que nos llegan “a través de filtros intermedios y deformados”. En cuanto a la cultura, Ginzburg ubica que históricamente se reconocía como cultura únicamente a lo que se producía dentro de las denominadas sociedades “civilizadas”; lo demás era folklore o “cultura primitiva”, que consistía en el reconocimiento de culturas a la producción del “conjunto de actividades, creencias, patrones de comportamiento, etc.” (Ginzburg, 1999, p. 10) de las clases subalternas o populares. Recientemente, y es justo aquí donde se ubica el conflicto, surgen las preguntas ¿cómo se entendían las acciones, comportamientos y voces de los sectores subalternos antes de este reconocimiento?, ¿cuál es el carácter de la relación entre esos dos niveles de cultura, el de las clases hegemónicas y el de los sub alternos?, ¿la relación es meramente vertical o en qué medida hay una relación horizontal? La otra cuestión que destaca el autor de “El queso y los gusanos”, siguiendo a Bachtin, es el de la “circulación cultural”; es decir, cómo es producida la cultura y cómo es consumida por la sociedad. Nosotros precisaremos que este es un fenómeno que tiene su propia dinámica y especificidad, ya que una cosa es lo que se produce, como por ejemplo los sistemas ideológicos, otra es si éstas son conocidas por la sociedad, sobre todo las clases populares, y si es consumida, cómo son asimiladas. Este es un elemento fundamental en la conformación de las mentalidades.
Finalmente, Ginzburg advierte que es un tanto inoficiosos o riesgoso intentar establecer “las coordenadas mentales de toda una época” a partir de microhistorias o de testimonios individuales, pero afirma que de lo que se trata es de desentrañar los “múltiples hilos con que un individuo está vinculado con un ambiente y una sociedad históricamente determinados” (Ginzburg, 1999, p. 22). Dicho de otro modo, lo que la microhistoria busca conocer son los acontecimientos particulares, individuales, locales de la historia, que hacen posible las conexiones individuo-colectivo, que son a la vez las conexiones con los procesos históricos generales. Son precisamente estas historias las que han olvidado o dejado de lado la historia y los historiadores. La relegación de la historia de las clases subalternas, y también de los pueblos y regiones, es propia de las formas del colonialismo en lo político y la cultura.
Ahora, la microhistoria no tiene que ver exclusivamente con la historia de las clases subalternas. Uno de los elementos centrales para la microhistoria es la “escala reducida de observación”, entendiendo que esta no hace referencia únicamente al ámbito estrecho del objeto estudiado, según Giovanni Levi “la reducción de la escala es un procedimiento analítico aplicable en cualquier lugar, con independencia de las dimensiones del objeto analizado” (Levi, 1994, p. 122), pero eso no implica la negación de las conexiones con escalas mayores. Metodológicamente la escala reducida sirve para una “descripción densa” de los sucesos o hechos analizados que, como el mismo Levi advierte que “en caso contrario, resultarían evanescentes”. Ahora ¿qué se describe en una microhistoria? volviendo a Ginzburg, en el texto “Tentativas”, siguiendo a Morelli y Freud, nos propone un método interpretativo que se apoya en “descartes, sobre datos marginales, considerados como reveladores. De ese modo, detalles considerados habitualmente sin importancia, o directamente triviales, “vulgares”, suministran la clave para acceder a los productos más elevados del espíritu humano” (Ginzburg, 1994, p. 78).
Con estos apuntes intentaremos averiguar algunos de los hechos particulares, tal vez poco atendidos, pero que contribuyeron a que el primer levantamiento indígena de 1990 se convierta en un acontecimiento histórico. Si bien es un acontecimiento que resulta de la confluencia de varios procesos estructurales, pero en el momento mismo de su desarrollo concreto adquiere progresivamente dinámicas propias, que dependen de las circunstancias del momento, así, se va convirtiendo en un fenómeno en sí mismo. Algunos sucesos particulares contribuyeron en mucho a que el levantamiento adquiera la dimensión que conocemos. Uno de esos fue la toma de la iglesia de Santo Domingo; no estuvo en los planes de la organización nacional, inició el 28 de mayo y terminó el 6 de junio. Podríamos decir que finalizó cuando el levantamiento empezaba a tomar cuerpo y energía, pero en mucho dependió de esa primera acción.
Es aquí donde Blanca Chancosa, actúa como una de sus principales protagonistas, es por eso que nos apoyamos en sus testimonios para intentar reconstruir algunas de las circunstancias que contribuyeron a darle al levantamiento las características que la historia recuerda. Como material de apoyo utilizamos notas periodísticas y los textos oficiales emitidos por la CONAIE respecto de la toma de la decisión de convocar un levantamiento (5 de mayo) y el desarrollo de la toma de la iglesia (28 de mayo al 6 de junio).
El levantamiento indígena como proceso
Cuando se habla del levantamiento indígena de 1990 sea en los medios de comunicación, la academia, los espacios políticos, incluso dentro del mismo movimiento indígena, generalmente se hace referencia al “levantamiento del Inti Raymi”, como un solo acontecimiento que inicia con la toma de la iglesia de Santo Domingo el lunes 28 de mayo y culmina con la instalación oficial del diálogo entre la CONAIE y el gobierno nacional y el cese de las últimas movilizaciones en provincias entre el 6 y 12 de junio de 1990. Pero, Blanca Chancosa,[i] con su testimonio va reconstruyendo una estructura e imagen un tanto distinta,[ii] y si cotejamos las acciones con la circulación cronológicamente de los documentos “oficiales” que la CONAIE y las otras organizaciones participantes emiten en esos días podemos ver por lo menos dos eventos que van confluyendo en un proceso general conforme las acciones se van sucediendo, y que no operan bajo un guion previamente diseñado. La toma de la iglesia de Santo Domingo y la masiva movilización de las comunidades indígenas, son dos acciones con ciertos niveles de autonomía y dinámicas, propias del calor de las circunstancias políticas nacionales, que fueron convergiendo y construyendo un cuerpo político general.
Blanca Chancosa se cuida mucho de hacer diferencias entre su vida personal y la militancia; cuenta que cuando cursaba la primaria ya sus padres le pedían que ayude a resolver los problemas de la comunidad, pues ella tenía o empezaba a tener lo que a ellos les fue negado: el poder de la lectura y escritura. Cuando se graduó de “profesora normalista” no solo manejaba los instrumentos de la pedagogía, contaba sobre todo con una amplia experiencia y conocimiento en la conducción organizativa de problemas de tierras, juzgamiento comunitario de conflictos internos, la creación de escuelas. En todas esas actividades demostraba sus capacidades como organizadora, lo que le llevó a ocupar desde muy joven cargos dirigenciales en la provincia y en el ámbito nacional.
Cuando le encargaron la dirección la toma de la iglesia de Santo Domingo tenía 35 años de edad. “¿Por qué a mí se me invita?” se pregunta, y se responde, “por un precedente: cuando yo era presidenta de la ECUARUNARI [1979-1984] hicimos actos de solidaridad internacional [mediante] la toma de dos embajadas y las oficinas de un organismo internacional”. Era una magnifica experiencia para una mujer a tan corta edad, razón suficiente para confiar en ella una acción de semejante magnitud.
Chancosa enfatiza que las acciones de la toma y el levantamiento “no se dieron en frío”. En algunas provincias habían tomas de tierras y se planificaban otras, también se sostuvieron largos e intensos procesos judiciales por esta misma razón. Muchos de los que llevaban estos casos eran dirigentes y militantes locales que habían acumulado una amplia experiencia de lucha, con destrezas organizativas y fuertes convicciones políticas que hacía de ellos personas en condiciones para saber “qué cosas se podría convocar, cómo lograr, realmente comprometer”. Este primer elemento que señala la dirigente es fundamental tener en cuenta, ya que uno de los criterios que se ventiló desde el gobierno y los hacendados en esos días, y que se sostiene hasta la actualidad, es que el levantamiento fue producto de intervención externa, no solo respecto del movimiento indígena sino también el país. Un segundo elemento a tener en cuenta y que permite explicar lo ocurrido en el primer levantamiento es la campaña por los 500 años de resistencia contra la conquista europea.
En esos momentos veníamos preparando los 500 años de resistencia. Por un lado, se hablaba de encuentro [los gobiernos de América Latina y España], por otro de invasión [la CONAIE], de resistencia de los pueblos y se venía preparando para el 92. (Entrevista a Blanca Chancosa, 1 de agosto, 2018)
La campaña llevaba ya más o menos un año de desarrollo, permitió poner el debate sobre los significados políticos, ideológicos, históricos, económicos, culturales de los problemas estructurales que los pueblos indígenas venían enfrentados desde la conquista y la colonia. Sobre esta base se trató de socializar y retroalimentar la propuesta que la CONAIE venía construyendo desde los tiempos del Consejo Nacional de Coordinación de las Nacionalidades Indígenas del Ecuador CONACNIE (1983). Esto alimentó el discurso de la organización indígena permitiéndole acelerar los procesos de unidad de las distintas organizaciones de base. La consigna “en el 92, ni una hacienda más” dan cuenta de estas confluencias, teniendo inmediata acogida en los territorios donde se vivían a diario los enfrentamientos por la lucha por la tierra. En medio de estos procesos les permite identificar la necesidad de “acciones nacionales”, instrumento para llevar la lucha local y material-económico al plano político-nacional, generando un cuerpo socio organizativo general. Blanca Chancosa afirma que “en diferentes provincias se iniciaron tomas [de haciendas]”. Todo esto indica que en varias provincias la movilización era algo en marcha, lo que la CONAIE debía hacer es llevar esa movilización al plano nacional.
Adicionalmente, la campaña por los “500 años de resistencia indígena” generó otro importante componente: logra estrechar alianzas con otras organizaciones sociales que actúan en los espacios del conflicto agrario, como la CEDOCUT, la Coordinadora Popular, las organizaciones cristianas de base, entre otras. Esto permitió, además, coordinar las acciones de lucha y globalizar la propuesta de la campaña, convirtiéndose entonces en “500 años de resistencia indígena y popular”, y bajo la consigna “1992, ni una hacienda en el Ecuador” e involucrar a estas organizaciones en el levantamiento.
Un tercer elemento que determinó el desarrollo político del levantamiento fue el agotamiento del diálogo con el gobierno de Rodrigo Borja. Casi desde el inicio de su gobierno (1988-1992), el presidente Borja mantuvo diálogos con la CONAIE sobre temas locales y nacionales, como tierras, agua, impactos de la explotación petrolera, educación intercultural bilingüe, infraestructura, etc. El gobierno creó mediante Decreto el Sistema de Educación Intercultural Bilingüe pero no viabilizó ningún presupuesto, ni construcción de infraestructura, ni partidas de docentes. Los reclamos de la CONAIE no fueron atendidos pese a las innumerables mesas de diálogo instauradas, salvo la suscripción de convenios sin aplicación práctica. El 9 de mayo de 1989 se reunieron en Sarayacu los dirigentes de la CONAIE y varios delegados del gobierno y suscriben un documento de compromiso conocido como el “Acuerdo de Sarayacu” (FEPE, 1991: 6) El documento abordaba siete temas: tierra y territorio; jurídico-político; educación, ciencia y cultura; salud; infraestructura; financiamiento; y, política internacional. Este documento corrió la misma suerte que el Decreto de educación bilingüe: no tiene respuestas efectivas. Con la intención de presionar al gobierno la CONAIE emitió una serie de propuestas enfocadas a hacer viables los acuerdos, pero ninguno obtuvo respuesta. Los caminos del diálogo se fueron cerrando y el gobierno perdió credibilidad en las organizaciones que conforman la CONAIE.
Encendiendo la mecha
En la mañana del martes 29 de mayo de 1990 la prensa escrita informaba a los ecuatorianos que el día anterior, 28 de mayo, en la madrugada, “Un grupo de campesinos se tomó la iglesia de Santo Domingo reclamando una serie de reivindicaciones y solución a los conflictos de tierra que no han sido arreglados” (El Comercio 1990, B-4). Blanca Chancosa recuerda que ese era uno de los prime ros objetivos de la toma, que la prensa dé a conocer la acción a nivel nacional; el segundo objetivo, que dependía del primero, consistía en que “los compañeros en las comunidades al enterarse de la toma se sientan motivados a salir al paro nacional. Esto queríamos con la toma: encender la mecha”. Al pronunciar la última frase -levanta su rostro y su mirada ya no se detiene en los límites de su estrechísima oficina- dejando ver que recordar aquellos sucesos le inyectan ánimo, pero también le producen agotamiento.
Después del problema de la tierra, el otro conflicto de importancia que ocupaba la agenda de la organización en esa coyuntura es “cómo fortalecer la educación intercultural bilingüe. Eso era la otra parte en ese año”. En el V Congreso Nacional de la CONAIE, reunida del 25 al 28 de abril de 1990, en Pujilí-Cotopaxi, se debatieron estos temas y otros de importancia local y nacional con los que se decidió “realizar una acción nacional”. Otro fue el debate sobre el tipo de acción que era posible llevar a cabo, y cuáles eran las condiciones de la política nacional en la que se desarrollaría. Blanca Chancosa recuerda que había consenso sobre la necesidad de una acción nacional, pero se seguía debatiendo la táctica en concreto, “el cómo, eso todavía no estaba decidido”. La acción nacional en primer término significaba para todos “generalizar las tomas de tierra”, pues éstas eran una constante en mayor o menor medida desde finales de los años setenta del siglo pasado, pero para finales de los ochenta, antes del primer levantamiento, estas recrudecieron, por lo que se creía que era necesario una acción a otro nivel.
En la V Asamblea, los dirigentes de la CONAIE sometieron a discusión una propuesta titulada “Documento Político” (FEDEPE, 1991, p. 28), que expuso las líneas generales de la situación política nacional, donde se criticaba al gobierno de Rodrigo Borja por sus políticas de corte neoliberal, haciendo énfasis en la difícil situación que enfrentan las comunidades indígenas, la falta de cumplimiento de los compromisos asumidos a través de las mesas de diálogos y el abandono paulatino de políticas de reforma agraria. En la parte titulada “Nuestro trabajo organizativo” se analizó las condiciones político-organizativas que desarrollan sus tres organizaciones regionales, los espacios de coordinación nacional que se van implementando, al final aseguran categóricamente:
Es por eso que, ante la falta de respuesta gubernamental, y una vez que se ha analizado la situación de hambre y angustia de todos los ecuatorianos, la CONAIE se ve en la obligación de liderar, por primera vez, una medida de hecho que movilice a todas nuestras organizaciones y comunidades de base hacia un Paro Nacional. Esta medida la exponemos ante la Asamblea y aguardamos su decisión para definir la fecha y mecanismos de acción. (FEDEPE, 1991, p. 35)
La V Asamblea decidió aceptar la propuesta, pero cambian el carácter la medida de hecho; en la Resolución número 13 se lee: “Preparar el primer levantamiento indígena Nacional para los días 4 al 6 de junio de este año, para lo cual se conformará una comisión política y tendrá los planteamientos contenidos en el Mandato” (FEDEPE, 1991, p. 38). Del mandato nos ocuparemos más adelante. También se decidió formar comités provinciales para la implementación del levantamiento. “Con esta resolución todo el mundo regresó a sus provincias” recuerda Chancosa, que en ese momento formaba parte del Consejo Político de la Federación Indígenas y Campesinos de Imbabura FICI, “y en ese sentido también comenzamos a trabajar con otros compañeros de otras zonas [fuera de Imbabura], haciendo reuniones a nivel campesino, a nivel de otros sectores sociales también”. Asegura que es en este espacio sostenido por la FICI, al que fueron invitados dirigentes y militantes de otras provincias, donde se decidió “encender la mecha”; es decir, una acción de punta que generó las condiciones para el primer levantamiento.
En primera instancia el levantamiento no tenía un formato establecido, cuando se pensaba en Paro Nacional se tenía como referencia las luchas urbanas obreras que consistía en movilizaciones en las calles y plazas, “en el caso nuestro eran las tomas de las haciendas y de acuerdo a lo que cada provincia pueda tener capacidad”. En este mismo espacio, luego de hacer una valoración de los efectos del llamado al levantamiento dentro de la organización de base, se decidió hacer “la toma de la iglesia de Santo Domingo, en la víspera, una semana antes del levantamiento; como para encender la mecha”. Por razones de seguridad la iniciativa, en su fase de preparación, no fue puesta en conocimiento de la dirigencia de la CONAIE. La toma se efectuaría en el día y la hora señalada, la ejecución fue impecable. Para la toma:
yo me vine [desde Imbabura] a Quito el día anterior, con todo el equipo que habíamos planificado, porque la toma era en la madrugada, a las cinco, y cuando ya entramos pusimos candados por dentro y cada cual ocupo los puestos y responsabilidades planificadas.
Pero la iglesia no estaba vacía, era hora de la primera misa e inmediatamente después venía la siguiente, así que el primer problema fue con los feligreses que escuchaban misa, que estaba por terminar y los que pugnaban por entrar a la siguiente. Todos los fieles se sorprendieron y montaron en cólera “nos indicaron, nos dijeron de todo: salvajes, herejes, anticristos. Nos insultaron, pero igual cerramos”. El cura no se quedó atrás, luego de declararles profanadores, buscó ayuda para desalojarlos, pero ya era demasiado tarde, los indígenas tenían todo bajo control. Al inicio eran unas setenta personas, pero que finalmente terminaron siendo alrededor de doscientas personas apoderadas de la iglesia.
Lo que estaban dentro se encargaron de implementar las respectivas seguridades y los mecanismos de subsistencia, porque no se sabía cuánto iba a durar la toma; los que estaban fuera debían informar a los medios de comunicación y a los dirigentes nacionales para que asuman la representatividad correspondiente. La proclama que se sostenía desde dentro de la iglesia era denunciar los conflictos de tierra, setenta y dos (72) procesos en curso; se demandaba un diálogo directo con el presidente de la República y una comisión mediadora conformada por la “Comisión Ecuatoriana de Derechos Humanos, CEDOCUT, CONAIE y de la iglesia” (El Comercio, 1990, p. 26). El arzobispo de Riobamba, Víctor Corral, era el que coordinaba esta comisión, encargada de garantizar la seguridad y de crear el diálogo.
Como esta acción fue más una decisión tomada desde la FICI, el día de los acontecimientos los principales dirigentes de la CONAIE estaban fuera de Quito, alguno incluso fuera del país, pero tuvieron que regresar inmediatamente para asumir la vocería nacional. El presidente de la organización, Cristóbal Tapuy, se negaba a asumir su responsabilidad por lo que las organizaciones de base decidieron que sea el vicepresidente, Luis Macas, debía asumir la conducción. Luis inmediatamente tomó la vocería y explicó las razones de la toma; explicó la propuesta política del movimiento indígena y oficializó públicamente el llamamiento al levantamiento.
Hasta el 4 de junio, día del inicio del levantamiento, el diálogo exigido desde la toma no se hacía viable porque el gobierno condicionaba la suspensión de la toma, ya que no “actúa bajo presión”; sin embargo, la CONAIE no suspendía la medida si no se instalaba en primer lugar el diálogo. La posición de los indígenas es consecuencia de la falta de resultados en casi dos años de diálogo, y como para echar más leña al fuego las cámaras de hacendados y ganaderos hicieron pública su posición, acusando a los indígenas de estar manipulados por organizaciones internacionales, de generar violencia en el campo, de perjudicar la economía nacional, y rechazaron la supuesta “tolerancia gubernamental que existe con relación a la presencia de activistas seudo religiosos extranjeros y nacionales […] que se ha infiltrado en el sector campesino, creando el más completo desorden y caos” (Moreno & Figueroa, 1992, p. 77), y advierten de las consecuencias fatales que se pudieran producir.
La toma de la iglesia va más allá de sus objetivos, además de “incendiar la mecha”, puso en evidencia la actitud intransigente del gobierno nacional y demostraba a los hacendados como sectores de poder reacios a soluciones políticas de los conflictos de tierra; además, desnudó las estructuras sociales, políticas y culturales de un sistema hegemónico racista, que ante la presencia fuerte de los indígenas no dudó en sacar del armario los dispositivos coloniales de discriminación. La contundencia y firmeza de quienes estaban dentro de la iglesia y la actitud violenta del gobierno y de los hacendados indignó a las comunidades, motivándoles a salir a las carreteras, a las ciudades capitales de provincias, a tomarse tierras etc. A Quito llegaron desde las provincias más cercanas a solidarizarse con la toma; además, al levantamiento no solo respondieron las comunidades indígenas, también lo hicieron casi todos los sectores organizados urbanos.
Dentro de la iglesia las noticias del inicio del levantamiento, que escuchaban por radio, motivaron a todos. La tensión de los primeros días es reemplazada por el optimismo; empezaron entonces a sumarse más delegados de provincias. Se dio la convergencia de la toma con el levantamiento dando dimensiones inesperadas a la “acción nacional”. Con el levantamiento se empezó a hablar del “Mandato por la defensa de la vida y los derechos de las nacionalidades indígenas”. Sobre este documento existieron dos versiones: la que consta en “Levantamiento Indígena: Documentos y testimonios”, publicado por FEPE, que en la presentación menciona contener documentos oficiales y originales y que contaron con la colaboración de Luis Macas, entonces presidente de la CONAIE, y de Luis Maldonado, quien coordinaba en ese tiempo la campaña de los 500 años; el segundo se encuentra en el libro “El levantamiento indígena del inti raymi de 1990” de Segundo Moreno y José Figueroa, que pone como fuente Kipu # 15 de 1990. Existe una tercera versión en el archivo digital del historiador estadounidense Marc Becker,[iii] donde encontramos cuatro fuentes; la primera el texto “Presente y futuro de los pueblos indígenas” de José Sánchez Parga, la segunda del Diario Hoy, la tercera del boletín Riccharishun # 2 del ECUARUNARI, y la cuarta del libro “De campesinos a ciudadanos diferentes” de Jorge León Trujillo.
Las diferencias entre las versiones, se dividen entre las que aseguran que es “original y oficial” la de quince puntos; y, la otra versión, que tiene dieciséis. En la primera versión los cinco primeros puntos tratan sobre el problema de la tierra, el agua, el presupuesto para el sistema de educación bilingüe, presupuesto a los organismos del Estado relacionados con el agro; el tema de la plurinacionalidad y los derechos cultuales están a partir del numeral siete. En la segunda versión, de dieciséis puntos, en primer lugar, está la plurinacionalidad, luego vienen los temas de tierras y agro. Esta variación no es solo de orden, expresa un cambio del carácter político de la propuesta; recordemos que en el testimonio de Blanca Chancosa se hace énfasis en los conflictos de tierras como razón de la “acción nacional”. Esto también se puede ver en las publicaciones de la CONAIE entre su V Asamblea y el inicio del levantamiento.
El diálogo CONAIE-gobierno se inició el 6 de junio, dando fin a la toma de la iglesia de Santo Domingo, pero el levantamiento continuó hasta el 12 de junio, el diálogo siguió por varios meses más. Como resumen podemos anotar que el primer levantamiento indígena de 1990 no fue un único acontecimiento, fueron dos acciones que se juntaron en un proceso global. El levantamiento escapó a toda previsión, pues se fue “constituyendo” conforme se fueron dando los acontecimientos, las actitudes y respuestas de sus tres actores principales (movimiento indígena, gobierno nacional y hacendados) Finalmente, los discursos, documentos y propuestas de la CONAIE, emitidos durante el levantamiento, en ningún momento es unívoco, está lleno de tensiones, convergencias, reelaboraciones inmediatas. Caso aparte merece la denominación de “levantamiento del inti raymi”, tal cosa no encontramos en ningún documento ni discurso de los dirigentes de la CONAIE, ni antes ni en los días del levantamiento. El primer texto donde aparece es en el libro de Moreno y Figueroa (1992).
Bibliografía:
[i] Dirigente histórica del movimiento indígena ecuatoriano, cofundadora de la ECUARUNARI y CONAIE. Ocupó por cargo la Presidencia de la ECUARUNARI.
[ii] Todas las citas aquí anotadas de la dirigente Blanca Chancosa corresponden a la entrevista que se le hizo el 1 de agosto de 2018 para la elaboración de este trabajo.
[iii] http://yachana.org/earchivo/conaie/
[1] Dirigente histórica del movimiento indígena ecuatoriano, cofundadora de la ECUARUNARI y CONAIE. Ocupó por cargo la Presidencia de la ECUARUNARI.
[1] Todas las citas aquí anotadas de la dirigente Blanca Chancosa corresponden a la entrevista que se le hizo el 1 de agosto de 2018 para la elaboración de este trabajo.